Como queriendo significar su profundo desenfado ante la ola de chistes sobre su apariencia física y al margen de los asuntos de fondo, él mismo aprovechaba su gira por el estado de Puebla para hacer un chiste a costa de sí mismo. En el cierre de su campaña electoral, llega a Tehuacán a bordo de un camión descubierto; una enorme manta colocada por las organizaciones locales reza en su leyenda: Tehuacán con Díaz Ordaz. Él se voltea y dice a su acompañante más cercano: ‘Vaya combinación, ha de saber horrible, ¿no cree usted?’ .

Lo anterior es parte del libro Díaz Ordaz y el 68, de José Cabrera Parra, publicado en 1982.

En todo el mundo, los políticos en campaña utilizan el arma del humor para aumentar su credibilidad o para provocar emociones. Cuando los políticos debaten –en la televisión o en cualquier otra tribuna–, utilizan el sarcasmo (la ironía, la burla) como una forma de agresión más o menos civilizada; les sirve para ridiculizar, insultar o humillar a sus oponentes.

Aristóteles (Retórica, libro III) escribió hace muchísimos años: Sobre las cosas risibles, ya que parecen tener su utilidad en los debates, y decía Gorgias, hablando con sobrada razón, que conviene estropear la seriedad de los adversarios con la risa y la risa con la seriedad .

El humorismo es un modo de presentar, enjuiciar o comentar la realidad, enfatizando el lado cómico, risueño o ridículo de las cosas. Los políticos y los poderosos son un blanco especial de los caricaturistas. Los ciudadanos, mediante chistes, hacen mofa de los políticos y los gobernantes.

Hace pocos días una amiga me envió un cuento.

A la pregunta ‘¿tienes dependientes económicos?’ de una encuesta del INEGI, un ciudadanos contestó lo siguiente: 3.5 millones de burócratas en la Administración Pública Federal (sin contar los aviadores), aparte de quienes cobran en los estados y los municipios.

Dos millones 250,000 presos en 58 centros de detención para menores, 438 centros penitenciarios, cuatro de máxima seguridad, etcétera; 62% fue recluido por delitos ‘famélicos’, es decir, ocasionados por el hambre y la miseria, 28% realmente enfermo con alguna adicción que los obligó a delinquir y 10% es criminal inveterado.

Los realmente peligrosos y desalmados forman parte de los partidos políticos. En la Cámara de Diputados hay 500: 300 diputados son de mayoría relativa (votados) y 200 son de representación proporcional (son elegidos indirectamente y dependen del número de sufragios que tenga cada partido). Las listas de éstos las conforman 30 personas y en la práctica entran en la Cámara entre 15 y 20 por partido. Hay 128 sanguijuelas del Senado: del Partido Acción Nacional, 52; del Partido Revolucionario Institucional, 33; del Partido de la Revolución Democrática, 26; del Partido Verde Ecologista de México, seis; del Partido del Trabajo, cinco; de Convergencia, cinco, y de Nueva Alianza, uno. Además hay 31 gobernadores y un Jefe de Gobierno, sus familias, amigos, condiscípulos y vecinos; 2,500 presidentes municipales con el etcétera consabido; funcionarios pensionados de diversas dependencias de gobierno, incluso si trabajaron pocos meses; expresidentes pensionados, más escoltas, servidumbre y otro etcétera .

No sé si lo anterior haría gracia a los empleados del INEGI, lo que me queda claro es que seguramente esa respuesta a un cuestionario sería inaceptable.

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