En los últimos meses, a raíz de la pandemia que afecta al mundo, presenciamos una permanente discusión sobre las cifras y estadísticas de la enfermedad en los distintos países. Dos factores se conjugan para tener una casi absolutamente incorrecta interpretación de los datos.

La polarización que vive el país lleva a que, desde los extremos, se descalifiquen datos o se hagan interpretaciones a modo para tratar de mostrar lo catastrófico o positivo que ha sido la evolución de la pandemia. Además, es evidente la carencia del mínimo conocimiento matemático y estadístico de la mayoría de la población, producto de una muy deficiente formación desde los años básicos de la educación.

Para analizar los datos, en primer lugar, la fuente de información debe ser consistente. Por ejemplo, la información debe de venir de fuentes comparables (en este caso, oficiales). Aun sabiendo que cada país tiene deficiencias en la integración de su información, ese criterio permite una base mínima de comparabilidad que otorgue cierta congruencia a los datos.

Se deben usar índices que permitan una comparación consistente en el tiempo; no es correcto comprar hoy el número de personas enfermas, mañana el número de fallecidos y una semana después los fallecidos ajustado por población. Todos los datos pueden ser importantes, pero la comparación debe ser uniforme.

Se debe comparar reconociendo las diferencias en la construcción de la información en cada país, manteniendo la posibilidad de contrastar los indicadores. Tratándose de series de tiempo, la comparación exige que se haga o en los mismos momentos cronológicos (mismo día) o en dimensiones comparables (por ejemplo, contagios a X días de que se detectó el primer caso).

Así, algunos datos relevantes hoy son los siguientes. México es el octavo lugar mundial en total de casos confirmados y el quinto por el número de fallecimientos. Mientras que México tiene 1.6% de la población mundial, representa 2.2% del total de casos y 5.9% del total de fallecimientos.

Uno de los indicadores para conocer el avance de la pandemia son las pruebas realizadas. En países como Dinamarca, se ha aplicado el examen a 187 personas por cada 1,000 habitantes; en EU a casi 100 personas por cada 1,000 habitantes; India (el segundo país más poblado) 6.4 pruebas por cada 1,000 habitantes. México ha aplicado menos de cinco exámenes por cada 1,000 habitantes. Consecuentemente, México aparece con uno de los porcentajes más altos (55%) de personas positivas, del total de los que se les aplica la prueba. Ello no implica que tengamos un nivel más alto de contagios, sino que, dado que la prueba se realiza casi siempre a persona con síntomas, la probabilidad de que estén contagiadas es más alta.

Por la misma razón anterior, el dato de fallecimientos entre casos no es propiamente comparable. Bajo ese indicador, México se encuentra en el segundo lugar más alto de fatalidad con 11.9%, sólo detrás del Reino Unido con 15.4 por ciento. Es más adecuado comparar número de fallecimientos por cada 100,000 habitantes; con este dato, el Reino Unido sigue siendo el país más afectado con 67, mientras que México se encuentra en el séptimo lugar con 25 fallecimientos por cada 100,000 habitantes.

Las cifras nunca deben ser usadas como medio de calificación o descalificación. Son herramientas para determinar cuál es el estado actual, cuál ha sido la evolución reciente y cuál es la expectativa futura; para tomar mejores decisiones que permitan enfrentar la emergencia; recordando que a cada dato estadístico corresponde una persona y una familia que enfrenta una tragedia de gran impacto para su estabilidad emocional y económica futura.

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Raúl Martínez Solares

CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo

Economía Conductual

El autor es politólogo, mercadólogo, financiero, especialista en economía conductual y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo.

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