La polarización es un problema global. La reaparición de los nacionalismos, el racismo, los supremacistas blancos, ideologías de radicalización de derecha e izquierda y el resurgimiento de discursos políticos de división por clase social, nivel económico, etc. han ido permeando socialmente y generando división en todos los continentes. Una polarización liderada por partidos políticos, lobbies sociales y económicos así como por gobiernos conformados por quienes buscan dividir para mantenerse en el poder. Desafortunadamente, estos fenómenos que llevaron a la muerte a millones de personas en el siglo XX, pintan para permanecer en el siglo XXI y fortalecerse mediante la penetración de las redes sociales y el Internet.

Los discursos polarizantes no son nuevos, lo que es nuevo es la facilidad con la cuál pueden permear en los ciudadanos a través del uso de las herramientas tecnológicas, el perfilamiento y el bombardeo de mensajes clave en las redes sociales y en las cámaras de eco en las que estamos metidos. Paradójicamente, vivimos en una realidad cada vez más acotada dentro del océano informativo del Internet. Nuestra forma de consumir la información y las cámaras nos aíslan de la verdad y nos encierran en nuestros propios pensamientos. Mientras que quienes desean contagiar de polarización utilizan estrategias de propaganda para fortalecer los sesgos que nos confirman creencias, pensamientos y comportamientos de alienación.

El Presidente Andrés Manuel López Obrador es desde el inicio de su campaña presidencial, un maestro del uso de encuadres para conceptualizar, en palabras fáciles de comprender y de viralizarse, términos que hoy en día se han vuelto parte de nuestro vocabulario popular y que son reflejo y síntesis de la polarización. Los términos fifís, chairos, la mafia del poder, los conservadores, los oportunistas, la clase media aspiracionista… Desafortunadamente, estas etiquetas, se utilizan desde el púlpito presidencial en las mañaneras y en cualquier oportunidad de aparición pública, para continuar fomentando las diferencias entre los buenos -quienes apoyan y avanzan la cuarta transformación- y los malos -adversarios y opositores.

También es fatídico pero real, que a la oposición y a sus adversarios no les queda otra opción que continuar polarizando también, para diferenciaste, distinguirse, aprovechar a quienes no se sienten atraídos por el mensaje del Presidente o de los cambios que está llevando adelante con su cuarta transformación.

Estas últimas semanas hemos tenido dos buenos ejemplos de esta polarización. La primera, fomentada desde el Estado, con la venida del Presidente de Cuba, recibido con todos los honores por el Gobierno de México y celebrado por su ideología, la cual trae detrás vidas inmersas en opresión, hambre, injusticia, violaciones a los derechos humanos y a la dignidad humana de forma sistemática. López Obrador, aprovechó la visita de Díaz Canel, para solicitar a Estados Unidos la eliminación del bloqueo a Cuba. Sin embargo, un presidente democrático no sólo solicitaría el retiro de tan injuto bloqueo, también abogaría por la creación de partidos políticos de oposición y la organización de las elecciones democráticas en Cuba, además de la colaboración de los observadores internacionales. López Obrador no debe de olvidar tan fácil que él fue opositor por dos décadas y que accedió al poder gracias a las libertades políticas y la democracia.

La segunda historia, es la muy criticada visita del Presidente de Vox, Santiago Abascal representante del otro extremo del espectro político. Partido conocido por sus controvertidas declaraciones contra los migrantes y la negación pública de la violencia de género -temas que paradójicamente son impulsados por el presidente López Obrador. Vox vino a México a registrar su marca, a la firma de la Carta de Madrid en contra del comunismo y a ofrecer sus servicios, habrá que esperar a ver de qué se trata esto. Tras el revuelo causado por la firma de la Carta de Madrid por parte de algunos miembros del PAN, este instituto político recordó que su alianza en España es con el Partido Popular, lo cuál es lógico ya que nunca han apoyado temas que vayan contra la dignidad humana.

La poralización del Estado Mexicano no puede llevar a nada bueno, más que a una guerra intestina donde no habrá ganadores. Los ciudadanos deebemos empezar a desescalar esta guerra fría que nos hemos declarado entre nosotros.

*La autora es profesora de la Licenciatura en Gobierno y de la Maestría en Gobierno y Políticas Públicas de la Universidad Panamericana. Licenciada en Comunicación y Maestra en Gobierno y Políticas Públicas por la Universidad Panamericana. En World Youth Alliance Foundation fue directora de la oficina de América Latina y el Caribe y posteriormente, Social Media Consultant para HQ en Nueva York. Es socia fundadora y Business Development Director de la agencia de comunicación Saxum Media -Online Reputation Agency, así como de Wombat Accelerate. 

Twitter: @yuyisvg