A fines de noviembre alguien expresó que el país es imparable . El autor de ese dicho puede ser un alucinado que cree que con su liderazgo efectivamente mueve a México.

O puede ser, por qué no, un individuo de buena fe que piensa que está haciendo su mejor esfuerzo. O un demagogo embaucador como la retahíla de gobernantes que la nación ha padecido desde su independencia, el caso típico que describe García Hortelano: La metáfora audaz culmina en el despropósito y, enzarzándose en una logomaquia encaminada a la justificación de la inconsecuencia, instaura el verboso verbalismo de la verborrea .

No sé si el licenciado Peña recuerde el título de algún libro que haya leído desde el inicio de su gestión. Sí sé que, a pesar de ayudas audiovisuales, comete gazapos cuando se sale del guión, como lo de imparable , pues tanto quiere decir que no se puede detener como que no puede ponerse de pie; la República, desde luego.

Interminable hilera de burócratas han dicho lo mismo con palabras similares. Don Peña lo habría evitado de saber lo que Mariano Otero escribió hace 173 años, en 1842, tiempos de Santa Anna y Nicolás Bravo, en su Ensayo sobre el verdadero estado de la cuestión social y política que se agita en la República Mexicana : Lisonjero porvenir aguarda a la República si se realiza el programa de la revolución .

Referíase don Mariano a la de agosto de 1841, el pronunciamiento de Jalisco, uno de tantos innumerables batidillos que hemos provocado en detrimento de nuestro progreso. Avanzamos un poquito y va de nuez, regresamos al punto de partida.

Tirios y troyanos culpan al gobierno actual de su incapacidad para hacer crecer la economía y resolver los problemas sociales. La autoridad baja la cabeza y acepta las fallas que le atribuyen.

Éste es un defecto mucho más grave que el del imparable gazapo.

Los hados internacionales, de los cuales depende en muy buena medida nuestro adelanto, son muy desfavorables. Y la problemática social nos acompaña y abulta desde hace muchas décadas: corrupción, violencia, delincuencia, desigualdad.

Se exigen milagros. Imposible hacerlos. Aunque vivimos algo parecido a un portento: somos el país de Iberoamérica con mayor estabilidad, entendida como que son muy buenos los números de variables esenciales: baja inflación, déficit público y un poquito de crecimiento.