En otras colaboraciones me he referido al concepto de “alfabetismo financiero” (financial literacy) para describir, con diferentes interpretaciones dependientes de autores, a la forma en la que las personas adquieren conocimientos financieros, los procesan y permiten que estos influyan en sus actitudes, decisiones y comportamientos financieros.

No se trata únicamente del conocimiento que obtenemos, sino de la forma en que éste afecta la forma en la que conseguimos y analizamos la nueva información y cómo permitimos que ésta oriente y cambie las decisiones para hacer que sean más adecuadas y racionales, en términos de que generen un mayor beneficio.

Distintos estudios han demostrado que no basta con tener conocimientos financieros, si no se cuenta con la habilidad para traducir éstos en procesos de decisión y de adecuación de hábitos y conductas cotidianas y permanentes que afecten de manera favorable los aspectos financieros fundamentales, como el ahorro, el endeudamiento y la consolidación de un patrimonio, con independencia de (y en el contexto de) un entorno y condiciones económicas personales.

En el estudio “The Role of Cognitive Abilities on Financial Literacy: New Experimental Evidence”, de Muñoz, Álvarez y Restrepo, se trató de estudiar cómo las habilidades cognitivas influyen en explicar en el alfabetismo financiero.

Las habilidades cognitivas son definidas, en términos generales, como las capacidades mentales que involucran el razonamiento, la resolución de problemas, la planeación, el pensamiento abstracto, la comprensión de ideas complejas y la capacidad de aprender de la experiencia, entre otras.

En el estudio, se analizaron las respuestas a seis preguntas relacionados con conocimientos básicos de temas como el interés compuesto, la inflación y el efecto de la deuda financiera.

Se concluyó que algunos factores demográficos explican los niveles de alfabetismo financiero de las personas, pero a su vez, esos factores frecuentemente tienen detrás elementos relacionados con la habilidad cognitiva, tales como la aversión al riesgo, la preferencia en el tiempo (si las personas están orientadas a obtener recompensas de corto o de largo plazos), así como los sesgos cognitivos y conductuales que las personas mostramos al tomar decisiones financieras.

La conclusión del estudio es que las personas con mayores niveles de habilidad cognitiva tienen mayores niveles de alfabetismo financiero y, consecuentemente, muestran un mejor comportamiento de las decisiones finales que toman, siendo Éstas más racionales en términos de estar orientadas a un mayor beneficio de largo plazo.

Distintos estudios realizados en el campo de la psicología han mostrado que las habilidades cognitivas pueden ser mejoradas y desarrolladas, y que su estado está relacionado incluso con temas relativos a la salud física de las personas.

Estudiar temas diferentes a los que actualmente se conocen, leer activamente y todas las actividades relativas a ejercitar la mente de distintas formas han mostrado que contribuyen a desarrollar y mejorar (incluso con la edad) las habilidades cognitivas.

Si partimos de la premisa de que uno de los elementos fundamentales de la habilidad cognitiva se relaciona con la capacidad de allegarse y procesar de manera racional nueva información, entendemos la importancia de que, activamente, las personas busquemos allegarnos información diferente a la que hoy tenemos, como mecanismo para contrastar nuestras creencias y fortalecer la capacidad para tomar mejores y más racionales decisiones financieras.

Evidentemente, una práctica como ésta contribuirá también a mejorar nuestra capacidad de comprensión de los fenómenos económicos y políticos que nos rodean. Sólo así mejoraremos nuestras decisiones financieras, y simultáneamente nuestra capacidad de participar e involucrarnos en la resolución y discusión de los problemas que como sociedad nos atañen.

Raúl Martínez Solares

CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo

Economía Conductual

El autor es politólogo, mercadólogo, financiero, especialista en economía conductual y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo.

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