Los dictadores tienen dos lenguajes, el infantil cuando hablan y el de las balas cuando actúan.

Ayer, Nicolás Maduro organizó unas elecciones sin oposición para consolidar su dictadura. Pasará a la historia como uno de los peores políticos que haya tenido Venezuela en su historia.

¿El país tendrá dos asambleas a la disposición del dictador, la original (sin oposición) y la falsa, llamada Constituyente y creada ex profeso para enredar a la que ganó cinco años atrás, dominada por la oposición y aún liderada por Juan Guaidó? No, ya no le servirá la Constituyente.

Ni la acumulación de crisis económica, política y sanitaria, convencieron al dictador para que permitiera una sana competencia en las elecciones de ayer 6 de diciembre, con la que se renovará la Asamblea Nacional el próximo mes de enero. Tampoco lo convenció el informe demoledor que presentó la Alta Comisionada de Derechos Humanos de Naciones Unidas, Michelle Bachelet, con el que documenta 38 ejecuciones de jóvenes entre mayo de 2019 y mayo de 2020 a manos de la policía política de Maduro.

El dictador venezolano consolidó ayer 6 de diciembre, su régimen y desde enero tendrá el control de todos los poderes: ejecutivo, legislativo, judicial, electoral y ciudadano. No le faltará ninguno.

El chavismo ha destruido el país en dos décadas y Maduro no tiene el pudor para salir por la puerta de atrás.

La guía para destruir a Venezuela se integra de la siguiente manera:

1. Realizar un laboratorio ideológico a modo del sistema político cubano.

2. Intervención de la economía por parte del gobierno. Ya lo dijo Hugo Chávez con sonrisa cínica en su boca: ¡Exprópiese!

3. Empobrecer a la clase media.

4. Expulsar del país de maner sutil a la demografía con mayores ingresos.

5. Crear un banco de pobres. Diosdado Cabello, brazo narcotraficante en el Palacio de Miraflores, lo dijo la semana pasada: “El que no vote, no come”.

6. Integrar a la cúpula militar a puestos públicos de alto nivel.

7. Crear una retórica orwelliana donde se ubiquen a enemigos en el exterior, de preferencia a los enemigos de la dictadura cubana.

8. Secuestrar todos los poderes del Estado, lo mismo por vía financiera y/o criminal.

9. Encarcelar a líderes de la oposición para fracturar el sistema de competencia electoral. El caso de Leopoldo López desdibujó a la oposición. Maduro logró convertir al sistema de partidos en una carpa de pelea de gallos. Confrontó a Capriles frente a López, y ganó. Hoy la oposición está en el exilio amenazada a través de órdenes de detención.

10. Retirar del discurso público a la realidad.

11. Hacer de la política una religión. Hugo Chávez logró crear una especie de secta gracias a su talento histriónico y a sus vínculos con Fidel Castro.

12. Producir simulacros electorales como si de una serie de televisión se tratara. Ayer 6 de diciembre, Maduro organizó unas elecciones legislativas carentes de legitimidad. Evo Morales, apóstol del chavismo, las calificó de democráticas. Donde Evo ve democracia, hay dictadura; donde ve cultura política, hay ambición; donde ve a la Constitución, hay anarquía en la cúpula del gobierno.

13. Crear barreras de entrada a los medios de comunicación críticos (censura).

14. Violar la cultura de la democracia en nombre de la democracia.

Ayer, Maduro logró amputar el brazo legislativo del Estado. Estará muy contento.

El país venezolano es un estado fallido gestionado por criminales.

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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