El pasado miércoles 25 de noviembre murió la extraordinaria coreógrafa Gloria Conteras, mi querida amiga. Desde muy niña supo lo que quería hacer: bailar. A lo largo de sus 81 años de vida tuvo el coraje y determinación para ser fiel a su vocación. Fueron más de 60 años de trabajo constante y apasionado que le permitieron poner en escena más de 300 coreografías de su creación.

Discípula de George Balanchine (1904-1983) en Nueva York, ahí crea sus dos primeras coreografías: El Mercado (1958) y Huapango (1959), que muestra al maestro ruso, que ve desde el primer momento que Gloria es una coreógrafa innata. Le otorgó una beca y le permite usar los salones de la Escuela del Ballet Americano. En 1962 en ese espacio The Gloria Contreras Dance Company estrena Serenata Concertante y Ocho por radio.

Las creaciones de Gloria se mueven en la dialéctica permanente entre suavidad y delicadeza, por un lado, y la fuerza y energía, por otro. Ella estudia a profundidad la partitura del músico que elige y después sobre ella, al tiempo que oye la orquesta, imagina y anota sobre el pentagrama los pasos que articulan la música y el movimiento de los cuerpos.

Siempre va a quedar en mi memoria una tarde deliciosa y única, inolvidable, en su casa de San Ángel, donde me compartió, partitura y lápiz en mano y con la música al fondo, como creaba sus coreografías, como articulaba en su imaginación, en un acto puro de creación, música y movimiento.

La labor pedagógica de Gloria, como educadora y creadora de audiencias, es enorme. Hasta su muerte estuvo al frente, fueron más de 40 años, del Taller Coreográfico de la UNAM. En las funciones de los miércoles en el Teatro Carlos Lazo y de los domingos en la Sala Miguel Covarrubias permitió que miles y miles de personas se acercaran a la belleza de la danza y aprendieran a gozar de ella.

Gloria, gracias por lo que siempre fuiste y por todo lo que nos diste. Gracias por una vida de entrega absoluta a la danza y con ella a la belleza. Gracias por las audiencias que creaste y formaste. Gracias por posibilitarnos la experiencia estética, que siempre es sublime. Es otra manera de la experiencia mística.

Ahora que ya no estás me pregunto: ¿qué admirar más de esa mexicana de espíritu ruso? ¿Su talento, disciplina, constancia y entrega? ¿Su dulzura, sensibilidad, creatividad? ¿Su sentido de la belleza y su capacidad de arriesgar? ¿Su fidelidad a sus convicciones? ¿Cuál es la mejor Gloria? ¿La artista y creadora? ¿La luchadora incansable? ¿La mujer culta? ¿La bailarina? ¿La coreógrafa? ¿La pedagoga y maestra? ¿La constructora de audiencias? ¿Cuál es la más importante? Tengo una respuesta: me quedo con todas, me quedo con ella, con Gloria Contreras, mi amiga.

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