El día de ayer mencionaba cómo es la configuración de las redes de valor en sector, ya que cada una de las empresas o nodos tiene su propia estrategia de competitividad, presenta aptitudes y destrezas particulares generadas en su historia, una política de mercado propia y un perfil que la hace diferente al resto. Las empresas de la red, por lo tanto, tienen objetivos y prioridades estratégicas distintas; este factor puede representar una barrera para consolidar la red.

La gestión de la red toma en cuenta lo anterior para trabajar en alinear las estrategias de las empresas o nodos de la red, esto implica que las empresas actúan en concordancia con la función de satisfacción del cliente final. Tomemos el caso de los productores de limón como ejemplo, cuando éstos conocen y entienden que el consumidor de limón fresco demanda un tamaño de fruto y una coloración específicos, trabajarán desde el huerto para cumplir con estos requerimientos. En el sector agroalimentario es frecuente que los productores primarios no conocen el mercado final de sus productos, el conocimiento de éste se transforma en una premisa básica para alinear las estrategias de las empresas y las labores de gestión de la red se dirigen, por lo tanto, a este punto.

Las redes de agronegocios deben ser sostenibles. Este tema está muy ligado a la supervivencia y viabilidad de las mismas en el tiempo. Definimos la sostenibilidad como la capacidad de mantenimiento de los recursos disponibles con proyección en el futuro en condiciones similares; es sostenible un proceso que puede mantenerse por sí mismo. En el caso de la gestión de redes de agronegocios la sostenibilidad contempla los siguientes aspectos: político, económico, social y medioambiental.

La sostenibilidad de la red de agronegocios depende de un adecuado sistema de información y coordinación de flujos de movimiento de productos, servicios de logística y flujos financieros, entre todos los actores de la red y el consumidor final, este sistema puede ser administrado en común por los distintos agentes participantes, o bajo el liderazgo de una empresa.

Una red de agronegocios es un sistema que demanda recursos constantemente, por naturaleza presenta un carácter dinámico y sostenible de los participantes en la misma, tratando de adaptarse a los cambios producidos en el marco en que se desenvuelve con el objetivo de generar valor económico y estratégico o competitivo. El primero se refiere a lo que el consumidor percibe a cambio del precio pagado en el mercado y que puede materializarse en términos monetarios, como los beneficios en los aspectos técnicos, económicos, servicios y sociales, y el segundo como el valor competitivo que mejora el posicionamiento de la red y de los actores de la misma.

Además de la creación de valor la sostenibilidad de la red está en función de una redistribución justa del valor obtenido, en el que participen todos los protagonistas, en proporción a la aportación realizada y el riesgo asumido.

Otro factor de gran ayuda en la gestión de redes es el uso de Tecnologías de Información y Comunicación. La importancia de éstas es sustancial y cada vez adquieren mayor relevancia en la conformación de redes, transformando la manera como se realizan las transacciones de negocio, afecta también directamente el alcance de las empresas al permitir acceder a un número más grande de nodos en diferentes sectores de valor y, en un ámbito geográfico mayor, permite también un contacto estrecho con las necesidades de los clientes finales, incrementa la rivalidad y agiliza los negocios; estas tecnologías adquieren un valor estratégico en la gestión de redes.

A manera de conclusión definimos que la gestión de una red de agronegocios nos permitirá contar con una red de negocios sólida, densa, diversificada, sostenible, rentable y segura.

*Luis Ángel López Ibarra es especialista de la Subdirección de Evaluación Sectorial en FIRA. La opinión es responsabilidad del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA. [email protected]