Este miércoles se publicó que la inflación anual en Estados Unidos fue de 4.2% en los últimos 12 meses. La inflación subyacente, que no toma en cuenta los efectos de precios volátiles como energía y alimentos, se ubicó en 3% anual

Ciertamente el dato de inflación del mes de abril en Estados Unidos resultó sorpresivamente elevado. Ya se esperaba un salto, pero éste ha sido proporcionalmente mayor al que se pensaba.

Para mi modo de ver, la fecha clave para confirmar el tamaño de la presión inflacionaria será en un par de meses, cuando se elimine el efecto estadístico de la comparación contra la base reducida ocasionada por el inicio de la pandemia, cuando incluso los precios del petróleo registraron niveles negativos. 

La presión de precios está sobre la mesa y el debate sobre si es transitoria o no podría perdurar por un buen tiempo; mientras tanto, es posible observar mayor sensibilidad de los mercados a los datos que vengan y a la declaración de las autoridades.

Ayer se publicó que la inflación anual en Estados Unidos fue de 4.2% en los últimos 12 meses. Asimismo, y tal vez más importante, la inflación subyacente, aquella que no toma en cuenta los efectos de precios volátiles como los de la energía y los alimentos, se ubicó en 3% anual. El salto fue descomunal, la inflación mensual fue 0.8%, algo que no se veía en 30 años.

Si queremos deducir las acciones de los bancos centrales ante esta información el razonamiento debe de ser con esta medida de cálculo. Los índices subyacentes existen precisamente para quitar el “ruido” que provoca en el dato de inflación la volatilidad de precios como la energía o los alimentos; ello permite sensibilizar mejor la auténtica presión inflacionaria y tomar, se supone, mejores decisiones de política monetaria.

De hecho, la Reserva Federal en Estados Unidos utiliza el indicador de precios subyacente contenido en las cifras de gasto de consumo, su referencia preferida

Las elevadas tasas de crecimiento en los índices que vemos ahora están estadísticamente distorsionadas. El año pasado, en los meses de inicio de la pandemia se generaron fuertes bajones de precios (seguramente recuerda el desplome del precio del petróleo hasta casi cero e incluso niveles negativos).

Las tasas de inflación subyacente mensual en marzo, abril y mayo del 2020 fueron respectivamente 0.0%, -0.5% y -0.1 por ciento. Eliminar un dato negativo y añadir un dato positivo alto provoca que el cálculo de los últimos doce meses sea elevado.

En México sucede lo mismo. En marzo y abril del año pasado la inflación general fue -0.05% en marzo y -1.01% en abril; la adición de datos positivos ubica la inflación del último año en un nivel de 6.09% y, efectivamente, esa no va a ser la inflación de todo el año.

¿Qué van a hacer los bancos centrales? En Estados Unidos la Fed no va a cambiar su postura. Por ahora va a esperar a que sucedan dos cosas. Una, que se reduzca el efecto estadístico. Dos, que continúen las mejoras en el mercado laboral.

Hasta el momento, la Fed ha dicho que espera que el repunte inflacionario sea temporal. Para ello, el dato de ayer es de poca ayuda, aun con bajos datos de inflación es poco probable que la inflación subyacente disminuya del nivel de 3 por ciento.

El debate sobre la temporalidad de la inflación seguirá presente y sobre el grado de tolerancia de la Fed hará mucho ruido en los mercados. 

Si somos sensatos, muchos indicadores, empezando por los precios de los bienes básicos, huelen a una inflación que podría ser más permanente.

Ojo, cualquier mínima manifestación de preocupación por parte de las autoridades sobre la tendencia de precios puede provocar de nuevo ajustes violentos al alza en las tasas de interés y desajustes en los mercados.

Pensamos que tal manifestación tendería darse hasta entrado el verano, una vez que haya desaparecido el ruido estadístico.

En México, el Banco de México deberá advertir que el balance de riesgos sobre la inflación se ha vuelto más adverso con respecto a su comunicado anterior.

Creo que la Junta de Gobierno esperará a que se borre la distorsión estadística y que por el momento no moverá la tasa de referencia. Pero si para el verano no vemos una baja relevante de la inflación subyacente hacia niveles de 3.5% o menos, y siguen publicándose datos superiores a las expectativas del mercado, habría que esperar acciones correctivas, es decir, alzas en las tasas de interés de corto plazo.

Como le digo, el dato oficial vigente al día de hoy no provocará muchos cambios en las posturas ni de la Fed ni de Banxico. Pero observe bien las inflaciones de los siguientes meses en Estados Unidos y en especial de mayo y junio en el caso de México, si estas no cambian su comportamiento una vez eliminado el efecto estadístico, podríamos ver una comunicación menos complaciente y por ende una sacudida en los mercados de mayor magnitud.

*Rodolfo Campuzano Meza es director general de Invex Operadora de Sociedades de Inversión.

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