Aprovechando que Canal Fox estrena en México su nuevo thriller televisivo The Enemy Within, podemos echar un vistazo a uno de los subgéneros televisivos menos inteligentes del nuevo siglo.

En The Enemy Within, la protagonista es Erica Shepherd (Jennifer Carpenter subutilizada desde Dexter), una antigua agente de la CIA que lleva tiempo encerrada en una prisión de máxima seguridad, después de que se le acusó de traicionar a otros cuatro agentes (lo que les costó la vida). La serie la etiqueta como la mayor traidora de la historia de los EU (lo cual francamente suena a exageración). Un agente del FBI (Morris Chestnut) necesita la ayuda de Erica para capturar a un terrorista maquiavélico que está planeando (y ejecutando) ataques repetidos en suelo estadounidense.

La premisa anterior, sin embargo, es perfectamente intercambiable con una docena de otras series (y películas) que forman la nueva subcategoría (para quien disfruta esas clasificaciones): thriller genérico. Uno en el que encajan también series como Blindspot (aunque esta última tiene detrás de sus absurdos casos un sentido del humor camp que la vuelve aceptable), la recién fallecida (cancelada) Quantico, y la infame comedia (?) /thriller de acción romántica (?) y espionaje (?) Whiskey Cavalier (aportación de la cadena ABC para esta temporada de estrenos).

El problema de The Enemy Within es que sus creadores se toman muy en serio lo que están haciendo, sus actores entrecierran los ojos con miradas en todo el espectro desde “soy muy malo y no me van a atrapar” hasta “te estoy vigilando, desgraciado (y eres lo peor de lo peor del mundo y nunca te lo voy a perdonar)”.

La mayoría de las series en esta categoría simplifica la estructura de una organización del tamaño del FBI. También simplifican los otros órganos de seguridad interna, sus rivales internacionales, la Interpol, los cárteles de la droga y lo que se les ocurra. Sus directores y directores adjuntos suelen estar armados y capturando maleantes en medio de balaceras y explosiones. Sus policías son todos sujetos a los más tibios y previsibles chantajes y traicionan sus instituciones a la primera amenaza velada sobre sus familias. Estas simplificaciones añaden furor dramático a una premisa de fantasía, donde el FBI se las ve con superespías y terroristas y trabaja codo a codo con la CIA y la NSA y lo que se les ocurra, en cuartos de control llenos de computadoras superavanzadas donde cada aspecto del caso se presenta con gráficos espectaculares.

En el caso de The Enemy Within, Shepherd es reclutada de la misma manera en que Hannibal Lecter era consultado por Clarice Starling hace casi tres décadas. Un criminal enigmático con una mente afiliada y una expresión inexpugnable es la única solución posible para policías sin la menor capacidad para llevar una investigación, interrogar a un sospechoso o establecer una cadena de evidencia.

El 90% de los diálogos son expositivos, y cuando los personajes no están declarando en voz alta lo que piensan y los antecedentes de la historia enfrente de quien no deben, los creadores nos incluyen pequeños flashbacks para recordarnos lo que acabamos de ver. Es un thriller de espionaje policial para espectadores con déficit de atención.

El thriller genérico recurre también a un puñado de nombres y apellidos reciclables para cada encarnación, lo que provoca inmediata familiaridad con el espectador. Así no se sorprenda si personajes con los nombres Shepherd y Keaton aparecen en media docena de estas series.

Es normal en estos thrillers que sus comandos especiales de alguna de las instituciones policiales, de contraespionaje o de seguridad estadounidenses se las vean con conspiraciones para ejecutar complejísimos actos terroristas cada tercer día.

Un género que renace el 11 de septiembre del 2001 con la paranoia terrorista, pero también con la excepcional 24 (también del 2001), que se sumó a la ola de la seguridad nacional versus los terroristas con ocho temporadas delirantes. Sus antecedentes más antiguos se remontaban a comedias tipo Superagente 86, donde la dicotomía buenos/malos (control/caos) era evidente porque era parte de la broma.

En la categoría no caben propuestas verdaderamente serias como Homeland o The Looming Tower, pues ellas apuestan por un realismo que busca analizar la historia reciente, cuestionar la política exterior y las propias limitaciones de las estructuras burocráticas que enfrentan las crisis. En ellas hay amenazas más serias y las soluciones no quedan a manos de hackers inadaptados y un puñado de agentes heroicos.

El thriller genérico es un producto de nuestro tiempo, que no aspira más que a entretener repitiendo esquemas machacados docenas de veces y fórmulas maniqueas colgadas de los noticieros más escandalosos. Son productos derivativos, primos del thriller genérico de abogados (del que ya hablaré en otra ocasión), y que cada vez resultan más insípidos e intercambiables.

@rgarciamainou

Ricardo García Mainou

Escritor

Las horas perdidas

Estudió Ciencias de la Comunicación con especialidad en Radio y Televisión Educativa en la Universidad de las Américas Puebla.

Ha escrito, editado, traducido y diseñado para diversas publicaciones literarias, periodísticas y especializadas: locales y nacionales (Libros de México, Revuelta, De viaje, Cinéfila, La masacre de Cholula, etc.).