A pesar de que puede ser considerado como una especie de apéndice de lo acontecido en el Consejo de Seguridad de la ONU, el próximo viaje de AMLO este 18 de noviembre es más importante de lo que parece.

Porque además de que la novena cumbre de los líderes de América del Norte se dará en el contexto de una pandemia alargada que ya va rumbo a su cuarta ola a nivel mundial, las circunstancias geopolíticas detonadas por el inminente auge del gigante asiático y su región comercial, han elevado la necesidad de recuperar la noción de Norteamérica como región a un nivel prioritario.

Hay demasiada inercia y a decir verdad, los tiempos nunca han sido mejores o peores para poner este tema en la mesa, ante una oleada creciente de nacionalismos que se perciben en el mundo y que en definitiva, tampoco le son ajenos a las agendas de Biden y Trudeau.

Todo parece apuntar a que el mundo se está fragmentando nuevamente. No obstante, si Estados Unidos quiere salir victorioso de su próxima cita con el destino, debe de ser capaz de hacer memoria junto con Canadá y México, y recordar lo que se perdió cuando se dio vida a un nuevo acuerdo comercial que, a pesar de contener una estrategia geopolítica regional bien delimitada en el capítulo 32, se olvidó del concepto de Norteamérica como un todo y tiró su nombre por la borda, para que cada país pudiera poner su nombre por delante, y pudiera contarse a sí mismo la historia que más le conviniera.

Refiriéndome con esto último al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá o T-MEC, al United States–Mexico–Canada Agreement o USMCA, según el gobierno de los Estados Unidos, y Canada–United States–Mexico Agreement o CUSMA, según el gobierno de Canadá.

Como se puede ver, las visiones de la unión son distintas y esto implica que los intereses nacionales podrían ir por delante al tratar la agenda de una cumbre que hasta lo que ahora se ha mencionado, se centrará en temas relacionados con la manera de poner fin a la pandemia, la migración, y los problemas en las cadenas de suministro regionales.

Pudiendo ser esto último un gran error, porque lo que el contexto global pide es que actuemos como región y esto implica estar dispuesto a hacer compromisos significativos, que pudieran incluir al elefante blanco de la reforma eléctrica mexicana que está en la sala, que incomoda a todos, y que definitivamente se tocará aunque sea de manera no oficial.

Porque tanto el embajador estadounidense en México, Ken Salazar, que de alguna manera se ha vuelto el abanderado del tema, como las autoridades canadienses, han externado su preocupación en repetidas ocasiones, señalando que viola el espíritu de competitividad del T-MEC y que lo escrito a nivel jurídico, debe prevalecer ante el criterio personal.

Sobretodo cuando el mundo se enfrenta a una crisis energética y que el tratado RCEP que lidera China y que incluye a los diez miembros de la Asociación de Países del Sudeste Asiático (Asean) además de Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda, suma casi un tercio de la población mundial, el 29% del PIB mundial, y se encuentra centrado en una región que ha tenido una de las menores recesiones económicas por la pandemia.

De ahí la importancia del próximo viaje de AMLO, y la necesidad de pensar más allá de las fronteras nacionales.

El último en salir apague la luz

Twitter: @HenaroStephanie

Stephanie Henaro

Profesora de Geopolítica

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Analista y comentarista mexicana. Estudió la licenciatura en relaciones internacionales en el Tecnológico de Monterrey CCM y en el Instituto de Estudios Políticos de París (Sciences-Po). Cuenta con una especialidad en política exterior rusa por el MGIMO de Moscú y una maestría en Geopolítica, Territorio y Seguridad en la Universidad de King’s College London en Inglaterra.

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