No han dejado de llamar nuestra atención la disminución en la mayor parte de las cifras económicas proporcionadas por el Inegi, que se concretan en un decrecimiento de 0.2% de la economía nacional, aunque el creador de la 4T quizá tiene sus datos en unos jeroglíficos mayas proporcionados por la madre naturaleza, que el común de los mortales no podemos descifrar, y que contradicen a todo lo que escuchamos y dicen los comentócratas.

El mundo empresarial no se sostiene sólo mediante el capital físico y el capital humano; requiere, según Francis Fukuyama, seguido por Alberto Revenga (Ética, economía y empresa, la dimensión moral de la economía, Ramón Alcoberro (coordinador), Gedisa, 2007), además, de un alto nivel de cooperación social, y éste se vincula con el capital social. Las relaciones entre confianza y la eficiencia económica están mediadas por el capital social que se define como el conjunto de normas y valores informales que comparten los miembros de un grupo y que permiten su cooperación. En su trabajo Capital social y sociedad civil, Fukuyama destaca: a) la naturaleza informal, no reglada del capital social; b) su objetivo en la promoción de la cooperación para los intercambios; c) su fundamento en la realidad de reciprocidad característica de la verdadera amistad.

Sin negar la necesidad de la mediación institucional presente en cualquier tipo de transacción económica, Fukuyama insiste en considerar los contratos y sus reglamentaciones que imposibilitan la cooperación. Para conseguir el éxito, la racionalización y burocratización del Estado son un lastre (el Estado es un fenómeno de poder que no aglutina o lo hace débilmente o acompañado de la fuerza), y él se lamenta de que sus excesos impidan una mayor agilidad, reduciendo así sus beneficios. Así que se pregunta qué podría neutralizar esos condicionantes excesivos, producto de la racionalización de la vida moderna. Y su respuesta es clara: el capital social. El capital social se puede referir a muchos ámbitos y urgencias de la realidad humana.

El tipo de capital social más útil es la capacidad de formar nuevas asociaciones y colaborar dentro del marco de referencias que éstas establecen. Esto hace alusión directa al concepto de sociabilidad espontánea o arte asociativo, entendido como la capacidad de crear grupos o comunidades intermedias que no son las familias ni las creadas directamente por el gobierno. Aquí juegan un papel muy importante las virtudes sociales, como la solidaridad o la creatividad.

¿Está promoviendo el nuevo gobierno, al menos como catalizador, la creación y conservación de capital social? Podemos simplificar en cierta manera que donde hay capital social florece sociedad y donde hay un Estado fuerte, intervencionista, de subsidios asistencialistas, surgen el crimen, la inseguridad, y la destrucción del tejido social.

Y no deja de ser contradictorio que para echar adelante la 4T el propio AMLO esté incendiando —como tenemos amplia experiencia los capitalinos con los recientes incendios— el auténtico combustible (capital social, y no combustibles fósiles, para echar a andar su proyecto económico, político y social), sin dejar de olvidar que mientras no aumente o establezca las condiciones para que la sociedad genere el capital social —hay formas de medirlo, aunque quizá no le gusten a López Obrador, quien tendrá sus propias cifras—, no habrá tampoco crecimiento económico ni cifras positivas para la economía ni el dichoso bienestar al que tanta referencia hace nuestro primer mandatario.