El mercado del maíz enfrenta una situación crítica debido a los incrementos sustanciales de precios que el producto ha experimentado en el mercado internacional durante los últimos meses, lo que ha impactado su cotización en el mercado interno. Durante varios años el precio se ubicó en niveles de alrededor de 3.5 dólares por bushel. En julio del 2020, se ubicó en 3.18 dólares, en tanto el 3 de mayo la cotización alcanzó los 6.75 dólares. El incremento acumulado en lo que va de 2021 es cercano al 40 por ciento.

Son varias las razones que explican el fenómeno. Algunas de ellas son el estancamiento de la producción, posiblemente ocasionado por la pandemia; la reactivación del uso del maíz para la producción de etanol en los EU; y las bajas de producción por sequía o inundación en algunos países. Un elemento estructural, que se mantiene desde hace varios años, es el crecimiento de la demanda, particularmente de China, pero también de países como México, que son deficitarios y requieren del producto como insumo para la alimentación de animales para sacrificio.

En México el precio está determinado mediante el mecanismo de agricultura por contrato, que toma como precio de referencia la cotización del cereal en el mercado de futuros de Chicago. Esta fórmula se ha utilizado como mecanismo para blindar al pequeño productor respecto de coyunturas de mercado en las que pudiera enfrentar incertidumbre. No obstante, la política de precios y las mejoras en la productividad, particularmente en el norte y Bajío, la productividad general es muy baja, unas 3.7 toneladas por hectárea, que palidecen en comparación con las 11 toneladas que se obtienen en los Estados Unidos. México es, por mucho, el país de menor productividad entre los principales productores.

Nuestro país ha logrado un aumento notable en el consumo per cápita de proteína de origen animal. Las industrias productoras de carnes de res, cerdo y pollo han tenido un desarrollo importante, en volumen de producción pero también en la adopción de mejores prácticas en la alimentación y cuidado de los animales. Esto ha permitido a las industrias de las carnes de res y cerdo exportar volúmenes crecientes. Sin embargo, el éxito de estas industrias significa una mayor demanda de maíz, que es la base alimentaria de estas especies y el pollo y representa su principal costo de producción.

Resulta inevitable que se presente un aumento de precios en productos como la tortilla, cuyos costos dependen del precio del maíz pero también de energéticos como la electricidad y el gas LP, que también han tenido incrementos. El precio promedio de la tortilla del 3 de mayo fue de 16.60, con algunas ciudades como Hermosillo, Sonora en que el producto llegó a cotizarse por arriba de los 23 pesos. En promedio, el incremento de precios en lo que va del año es de 7 porciento, muy por arriba de la inflación acumulada de 2.34 por ciento.

En este contexto, en el país tiene lugar una discusión poco clara y prometedora sobre los transgénicos. En México legalmente no se puede producir maíz a partir de semilla transgénica, de manera que su prohibición no debería impactar al mercado. Sin embargo, extender la prohibición a la importación podría tener efectos devastadores sobre la cadena de valor del maíz que se extiende a la alimentación humana y animal.

Son varios los problemas que enfrentaremos en los años siguientes: sequía, incremento de consumo de cárnicos, estancamiento de la productividad, carencia de apoyos a la producción, fragmentación de la propiedad y uso inadecuado de algunos químicos y fertilizantes. Estos aspectos, aunados a la situación del mercado internacional, auguran un periodo de carestía.

@javiernunezmel

Javier Núñez Melgoza

Consultor

Competencia y Mercados

Consultor en Competencia Económica y Regulación, además es profesor universitario.

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