En medio de la vorágine de las elecciones de EE.UU., que al momento de escribir estas líneas está aún por definirse, hemos reparado poco en que incluso si Joe Biden resulta triunfador, el espíritu del presidente Trump podría permanecer, por un tiempo, en algunas instituciones económicas internacionales.

Tomemos, por ejemplo, el caso de la elección de Director General para la Organización Mundial del Comercio (OMC). Por primera vez en su historia, los candidatos finalistas son mujeres – la candidata de Nigeria, Ngozi Okonjo-Iweala, quien logró amasar el apoyo de la mayoría de los miembros, y la candidata de Corea del Sur, Yoo Myung-hee, quien cuenta con el respaldo de la administración Trump. Lejos de apoyar el consenso, EE.UU. lo bloqueó, poniendo a la OMC en un limbo que solamente profundiza la crisis en la que ya se encontraba la organización.

La actitud de Estados Unidos es fácil de entender cuando recordamos las críticas que el presidente Trump y su Representante Comercial, el Embajador Robert Lighthizer, han hecho a la operación de la OMC, acusándola de favorecer a ciertos países, a expensas de los intereses estadounidenses. Sin duda, la actual administración de EE.UU. percibe a la candidata de Nigeria como cercana al mundo en desarrollo y a los intereses de países como China (con una amplia presencia económica en el continente africano), lo cual no encaja con la visión reivindicatoria nacionalista con la que Trump ha dirigido la política comercial estadounidense, en los últimos cuatro años.

Del mismo modo, en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en la elección de su presidente, Estados Unidos rompió una regla no escrita de que el titular del banco debería ser latinoamericano. Al lograr imponer a Mauricio Claver-Carone, quien claramente es ideológicamente cercano al presidente Trump, el espíritu trumpista influirá en los préstamos que el BID pueda canalizar a los países de la región, en un momento en donde la liquidez se convierte en un elemento crítico para la estabilidad de las economías. Sin duda, tener la presidencia del BID, también podría beneficiar indirectamente a EE.UU. en su intento por acotar la presencia de China en América Latina, esfuerzo que probablemente continuaría, incluso en caso de que el Presidente Trump no logre tener un segundo mandato.

El año próximo se elegirá a un nuevo Secretario General de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), después de un largo período bajo el liderazgo del mexicano José Ángel Gurría. En otro momento comentaremos más sobre este tema, pero por ahora baste saber que entre los candidatos que se han propuesto está Chris Liddell, que actualmente es el Subjefe de la Oficina del presidente Trump. Aunque esta elección tiene registrados diez candidatos, y está aún en el horizonte lejano del 2021, no podemos dejar de subrayar que, al igual que en el BID, no existe un precedente en la historia de que la OCDE haya tenido un secretario general de nacionalidad estadounidense.

Si efectivamente vemos a los demócratas tomar posesión de la Casa Blanca en enero próximo, ¿qué hará Joe Biden en este sentido? En su plataforma electoral y en sus discursos, Biden ha llamado repetidamente a fortalecer a las instituciones internacionales, a trabajar conjuntamente con otros países aliados en el marco multilateral y a reconstruir la imagen de liderazgo de Estados Unidos en el mundo. Ciertamente este objetivo se podría apoyar si trabaja rápidamente para terminar el impasse en la OMC y para garantizar que la transición en la OCDE sea lo más ágil y tersa posible. En el caso del BID ya no hay marcha atrás dado que el proceso de elección está concluido. Por los próximos 5 años, será Mauricio Claver-Carone, un funcionario elegido por Trump, quien continuará monitoreando las condiciones y políticas del Banco hacia los países latinoamericanos. Sin embargo, podría ser interesante observar cómo será su relación con una posible administración Biden.

El reto más serio, no obstante, será que Biden, en caso de ser electo como presidente, pueda encontrar tiempo suficiente para abordar estos temas que, aunque son muy importantes para la gobernanza económica global, pueden parecer menos prioritarios en el contexto de los urgentes asuntos que deberá atender en la agenda de política interna.

*El autor agradece la contribución de Rosángel Hernández Mendoza en la revisión de este texto.

Juan Carlos Baker

Académico

Pistas de aterrizaje

Juan Carlos Baker es académico de la Universidad Panamericana. Durante veinte años trabajó en la Secretaría de Economía, en la Subsecretaría de Negociaciones Comerciales Internacionales, de la que fue titular entre 2016 y 2018.

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