El coronavirus ha entrado en nuestras vidas de manera silenciosa, pero como un tsunami. Su velocidad de propagación ha puesto de manifiesto la necesidad de información en tiempo real y alta definición. Es ahora, más que nunca, cuando se refuerza el valor de los datos para realizar un diagnóstico detallado de la situación y sus consecuencias y reaccionar de manera ágil. El big data nos ayuda a entender dónde estamos y vislumbrar dónde vamos, adelantándonos a la publicación de cifras oficiales y proporcionándonos un margen de maniobra de oro para diseñar estrategias inteligentes.

Tanto en información estructurada como no estructurada, las fuentes son múltiples. Los datos de movilidad de nuestros dispositivos móviles, indicadores de tráfico, el texto de los periódicos, el análisis de las redes sociales, los pagos o transacciones financieras muestran señales claras de cómo nos comportamos y tomamos decisiones. Manteniendo siempre estrictas políticas de privacidad, es una información que, por su valor estratégico y por el bien social, no podemos desperdiciar.   

Los datos económicos reflejan una clara señal en tiempo real y alta definición de cómo han cambiado, por ejemplo, nuestros patrones de consumo. Nuestro análisis de big data en BBVA Research muestra que el gasto con tarjeta en bienes y servicios se ha ajustado rápidamente con una caída cercana al 60% en términos nominales desde la segunda semana de marzo hasta la actualidad en relación al año pasado. No obstante, el ajuste ha variado notablemente en función de variables como la necesidad del bien, la posibilidad o no del consumo online del producto, y el efecto de la restricción a la movilidad sobre su consumo.

Por ejemplo, mientras que se produjeron inicialmente fuertes aumentos de gasto con tarjeta en bienes de primera necesidad como los alimentos (cerca de un 90% desde mitad de marzo comparado con el año anterior) y los productos farmacéuticos, impulsados por el miedo, estos se están ya normalizando. Otros bienes de menor necesidad, como textil y calzado, han tenido un mayor ajuste. 

El hecho de que el consumo pueda realizarse online desde casa gracias a las nuevas tecnologías está siendo también relevante. En general, se ha producido cierto efecto sustitución con una mayor resistencia al ajuste en las compras por internet, salvo en algunos servicios. Por ejemplo, las compras online en alimentación y grandes superficies han crecido entre un 120-140% desde la implementación del estado de alarma.

La movilidad ha sido, sin duda, una variable clave y ha afectado tremendamente al gasto turístico, agencias de viaje, aerolíneas, hoteles, ocio y restauración. El impacto negativo de la restricción a la movilidad ha sido casi de uno a uno. Si distinguimos el consumo por el origen nacional o extranjero del consumidor, el impacto se amplifica aún más. El gasto en tarjeta realizado por turistas extranjeros comenzó a caer con fuerza a finales de febrero y se sitúa en niveles prácticamente nulos en la actualidad.

De la información que tenemos por el lado de la oferta en otros países, sabemos que el impacto en la agricultura y en la industria ha sido menor, mientras que en algunos servicios como turismo, restauración y el sector de la construcción se han visto más afectados.

La riqueza de la información y la inmediatez que proporciona el big data permite implementar estrategias de política económica más ajustadas a sus objetivos, reducir el problema de los retrasos en la implementación de las medidas, y evaluar en tiempo cuasi real los efectos de algunas de ellas. No es de extrañar, por tanto, el énfasis reciente y creciente por parte de los bancos centrales y los Gobiernos en el desarrollo del uso del big data y la inteligencia artificial. Poco a poco lo irán incorporando a sus decisiones diarias.         

Y no, no podemos evitar que los shocks económicos, geopolíticos, pandemias o desastres naturales continúen afectándonos. Pero sí tener un diagnóstico en tiempo real y en alta definición que nos permita dar respuestas más rápidas y certeras, y que permitan planificar una estrategia de salida más inteligente. Atentos a la recuperación, que vendrá y será rápida. No sabemos cuándo, pero gracias a la tecnología y al big data podremos saberlo antes para reaccionar mejor.