En días recientes se han dado a conocer indicadores respecto del comercio mundial durante el segundo trimestre del 2020. De acuerdo con la OMC, en ese periodo el comercio se contrajo 14% en volumen, respecto al periodo anterior, y 21% en valor, comparado con el mismo periodo del 2020. En México, el Inegi informó que en agosto nuestro país registró un superávit comercial de más de 6,000 millones de dólares, y que para el periodo enero-agosto, dicho superávit alcanzó 14,573 millones de dólares.

¿Qué podemos interpretar de estas cifras? Por un lado, los números que reporta la OMC no deben sorprender, dado que el reporte corresponde a los meses del 2020 en donde las medidas de confinamiento fueron aplicadas con severidad en Europa y EU. Al adentrarnos más en los números, notamos un patrón alentador: aunque el desplome del comercio mundial en mayo fue del 26%, la contracción para junio fue del 10%, y en julio se registró un descenso del 9 por ciento.

En México, la situación refleja el patrón del comercio global: durante mayo, las exportaciones fueron de 18,000 millones de dólares, pero en junio el monto se incrementó a 33,000 millones de dólares, aumentando en julio a 35,000 millones de dólares, para concluir en agosto con casi 37,000 millones de dólares. Es evidente cómo, una vez que se incorporaron en junio más actividades económicas a la lista de actividades esenciales, las exportaciones mexicanas reaccionaron. Las importaciones, no obstante, continúan débiles, lo cual podría ser el reflejo del tipo de cambio alto, que continúa alrededor de los 21 pesos por dólar, y que pudo contribuir a acentuar la debilidad de la demanda, dado que la caída fue más aguda en las importaciones de bienes de consumo que en los bienes intermedios y de capital.

Podemos hacer algunas conclusiones muy preliminares: primero, aunque las cifras continúan siendo negativas, el comercio se está recuperando mucho más rápido de lo que se había previsto. Al observar las diferentes regiones del mundo, también podríamos concluir que la demanda efectiva (traducida en las importaciones que realizan esos países) se ha mantenido gracias a las medidas de apoyo económico que han dado los gobiernos de prácticamente todo el mundo: en Norteamérica, las importaciones se redujeron 14.5%, en Europa 19.3% y en Asia apenas 7 por ciento. Esto es sin duda bueno para México, cuya actividad económica está íntimamente ligada al comercio internacional. Debemos recordar, además, que en las crisis económicas anteriores del 2008-2009 y 1994-1995, fue la vocación exportadora de nuestro país la que aceleró la recuperación económica.

Pero aunque la caída del comercio parece haberse detenido, sería un error pensar que ésta se convertirá en una recuperación plena sin el apoyo de los gobiernos. En materia comercial, este apoyo debe traducirse en la eliminación de barreras al comercio que se hayan establecido en el contexto de la pandemia, y el compromiso de no introducir más. Las políticas comerciales que tomen los países serán importantes para evitar otro episodio de disrupción a las cadenas de suministro como el que se vivió a principios del 2020 si, con motivo de la llegada del invierno, vemos nuevos brotes de Covid-19 en el mundo, y más aún si eso lleva a reintroducir medidas de confinamiento, como hemos visto recientemente en el Reino Unido.

Para México existen otras lecciones que debemos recordar. Posiblemente la más importante es que se debe trabajar coordinamente con EU para alinear la definición de actividades esenciales, los protocolos de operación y reapertura de negocios y el manejo de la frontera.

*El autor agradece la contribución de Rosángel Hernández Mendoza en la revisión de este texto.

Juan Carlos Baker

Académico

Pistas de aterrizaje

Juan Carlos Baker es académico de la Universidad Panamericana. Durante veinte años trabajó en la Secretaría de Economía, en la Subsecretaría de Negociaciones Comerciales Internacionales, de la que fue titular entre 2016 y 2018.