Lectura 8:00 min
Acabar con la violencia implica un trabajo colectivo y debe ser prioridad: Claudio Lomnitz
Lo malo es que todavía no ha habido una voluntad colectiva ni gubernamental de asumir que se trata de un problema central, dedicarse a entenderlo y resolverlo como una prioridad, expone.

Foto: Especial
Para terminar con la violencia que se multiplica a lo largo del territorio mexicano, es necesario un trabajo colectivo y convertirlo en una prioridad, plantea el reconocido antropólogo Claudio Lomnitz.
En entrevista con motivo de la publicación de su libro “Antropología de la zona de silencio”, editado por ERA, explica que para lograrlo es necesario mucho empeño y trabajo a muchos niveles.
Lo malo ―subraya— es que todavía no ha habido una voluntad colectiva ni gubernamental de asumir que se trata de un problema central, dedicarse a entenderlo y resolverlo como una prioridad.
El libro en cuestión forma parte de una trilogía de análisis de la violencia contemporánea en México. En el primero, llamado “El tejido social rasgado”, analiza lo que se dice de la violencia, particularmente cuando se ha interpretado como consecuencia de una crisis moral expresada como una ruptura del “tejido social”. En el segundo, titulado “Para una teología política del crimen organizado”, estudia el campo espiritual en torno de las organizaciones delictivas.
En el tercero expone que la zona de silencio refiere a regiones en donde el periodismo no puede operar libremente ante las amenazas que pesan sobre él y eso tiene consecuencias en las comunidades, sobre todo porque la zona de silencio es, aunque sea contraintuitivo, un área de comunicación, pero en la que se privilegia el rumor y la creación de micropúblicos informales expuestos a las noticias falsas.
Mediante el análisis de las microsociologías de la violencia que ocurren en Zacatecas, el antropólogo indaga en diferentes aristas de la violencia. Por ejemplo, la que constituyen las desapariciones forzadas, esas que generan espectros, algo así como las presencias de las ausencias, que, como fantasmas, se aparecen y piden cosas.
¿Por qué consideró que era importante estudiar la comunicación en torno a la violencia en México?
La violencia se ejerce para diferentes cosas. A veces se usa para obligar a alguien a hacer algo; a veces para desplazar a alguien como ha ocurrido en comunidades enteras donde despojan a la gente de su tierra y también se usa como amenaza, lo cual incluye la búsqueda de un silencio.
El silencio es una parte casi inherente de la violencia. La violencia genera silencio porque nos da mucho miedo ser el objeto de la violencia.
Por otro lado, la capacidad de modular el significado del acto violento es reducida y necesita un suplemento. Por eso tenemos narcomantas y narcomensajes que usan los delincuentes para que la gente entienda contra qué van y contra qué no van.
La violencia suprime cierta clase de comunicación, por ejemplo, en la prensa.
Entonces se suprime por un lado la comunicación, pero, por otro lado, la violencia requiere que haya mucha comunicación.
Entonces, la zona de silencio no se refiere a un silencio absoluto, sino que se refiere a cierta relación entre la comunicación abierta en la prensa y el rumor.
El rumor que puede ser en la calle o en redes sociales, las cuales actualmente son claves.
¿Cuáles son las consecuencias para la comunidad de silenciar a los medios de comunicación en estos contextos de violencia?
Uno de los efectos es que, si realmente toda la comunicación se vuelca hacia el rumor, se favorece, por ejemplo, las redes sociales que publican comunicados del crimen organizado.
Eso no lo puede hacer la prensa, pero sí puede circular en redes sociales y la gente puede querer leerlo porque prefieren no salir a determinada hora cuando los mensajes de delincuentes anuncian que habrá asesinatos.
Entonces, parte del efecto es que empieza la gente a estar atenta a informaciones que circulan, pero que no están sujetas al profesionalismo del periodista. Entonces están más sujetas al rumor y a la noticia falsa.
En política se dice que gobernar es comunicar. ¿Para el crimen organizado qué tan importante es la comunicación y qué la hace diferente de la comunicación del gobierno o del sector privado?
Hay veces en que las comunicaciones de parte del crimen organizado se parecen muchísimo a las comunicaciones del gobierno, tienen un sentido muy parecido, porque a veces están queriendo hacer prácticas que son parecidas a las que puede hacer un gobierno.
Por ejemplo, cuando están sacando una manta, avisando: vamos a atacar acá y acá, pero no se preocupen estos otros. Con ello están tratando de modular una serie de actos de una manera muy parecida a lo que hace el gobierno.
Pero hay veces en que toman un lenguaje muy diferente porque no están interesados en dirigirse a un público general.
En los últimos días, después del abatimiento del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, Nemesio Oseguera, vimos una serie de bloqueos carreteros, incendios de locales comerciales y vehículos. ¿Cómo deben de entenderse esos mensajes? ¿Qué quieren decir esos mensajes y cómo deben interpretarse?
Me parece interesante que use la palabra mensaje, porque creo que son mensajes.
El mensaje es, en parte, una amenaza.
¿Qué es lo que están diciendo a la hora de hacer eso?
Están diciendo tenemos una capacidad para hacerles la vida de cuadritos. Están diciendo: tenemos una capacidad para hacerles la vida de cuadritos.
¿A quién?
Pues quizá al gobierno federal, al gobierno estatal, al gobierno local. Quizá a la sociedad.
El sentido de estos actos violentos, como es muy reciente, todavía no lo tenemos muy bien interpretado. Lo único que sí podemos interpretar es que se hizo esto en una gran cantidad de lugares y en una gran cantidad de lugares bastante lejanos unos de otros.
¿Si aquí hay un mensaje, escaló para ser una comunicación, es decir, el gobierno también está mandando mensajes a ellos?
Sin duda, porque tienen un poder muy grande.
Está lleno de eso, en primer lugar, pues desgraciadamente ya no es una cosa de ahora, es una cosa de que ya llevamos décadas con esto.
Hay miembros del gobierno que son también parte de estas organizaciones o que tienen tratos rutinarios con ellos.
En el libro doy un ejemplo de las comunicaciones que se tienen que hacer a la hora de hacer una búsqueda de personas desaparecidas.
¿En qué debemos poner más atención cuando accedemos a tratar de entender por qué nos hemos convertido en un país tan violento y donde ha proliferado la delincuencia organizada?
Yo pienso que la búsqueda de una paz tiene que pasar por un estudio y entendimiento del trabajo que se está haciendo con la violencia extrajudicial en diferentes ramos de la economía.
Si queremos paz, hay que entender eso, hay que entender para qué usan la violencia extrajudicial en el ambulantaje, en la minería, en la tala ilegal, en la explotación ilegal de acuíferos, en los flujos migratorios de Centroamérica, de Sudamérica hacia Estados Unidos, entre otros.
Hay rubros de la economía que se manejan con una violencia extrajudicial. Y si no empezamos a hablar de eso y a entenderlo y a dirigirnos a eso y analizar por qué el sistema policial, judicial, burocrático, administrativo es incapaz o cada vez menos capaz de regular esos ámbitos. Cuando pierde esa capacidad, la violencia extrajudicial se vuelve más relevante.
Y si no vemos eso, no creo que vayamos a poder salir de ahí. Creo que es un error ver todo esto nada más como un tema psicológico o un tema cultural. Creo que es un tema también económico y de Estado.
Después de analizar la violencia en México, déjeme decirlo así, desde las entrañas o a ras de suelo, con qué se queda. ¿Nos ve con ganas de decir: pues que Dios los ayude porque están muy mal y no hay manera de que salgan de eso?; ¿tenemos lo necesario para salir?; ¿hay forma de construir la salida?
Yo creo que tenemos manera, pero no sé cuál es.
Yo espero que todo esto sea una contribución a la salida, no una especie de condena desde afuera.
No está escrito con ese espíritu. Yo creo que lo que pasa, lo que yo pienso, es que la salida de todo esto requiere de trabajo colectivo a muchos diferentes niveles.
Y uno de esos niveles es el nivel en el que opero yo, que es el nivel de la investigación y del entendimiento y de la crítica.
Ese también es un nivel colectivo, porque no se trata sólo de mí, sino de mucha gente que trabaja en esos temas y que está tratando de ayudar a pensar qué es lo que está pasando, a veces a documentarlo.
El trabajo periodístico, por ejemplo, ha sido el más contundente y sistemático que ha habido para documentar todo lo que ha ido pasando en estas décadas y con mucho sacrificio. Sacrificio tanto económico como personales; incluso hay personas que han perdido la vida en el proceso.
Entonces es un trabajo colectivo y sí creo que hay salida.
Aquí se necesita mucho empeño. Lo que ocurre ―y eso sí es un problema—, es que todavía no ha habido una voluntad colectiva ni tampoco gubernamental de asumir que se trata de un problema central y de resolverlo como prioridad nacional.




