Lo ofrecen todos los que aspiran a un cargo de poder. Desde las hordas primitivas. Los taumaturgos que prometen el oro y el moro. Seguimos casi igual que al principio; da risa lo que escribe el iluso anotador de Los Bandidos de Río Frío, edición 1928: “México, en un periodo de 10 años, ha cambiado de una manera tal que el mismo autor de esta obra (Manuel Payno, †1894), ausente hace años, si regresase creería que era otra nación distinta”. Saramago, en La balsa de piedra, define: “Como dice la gran experiencia del pueblo, alcanzada a costa de tiempo y de paciencia para soportarlo, con pocas esperanzas y aún menos cambios”.

Cambio sí, ¿pero en qué sentido? En el de buscar maneras de extender el bienestar material, pues con éste, en las clases dejadas de la mano de Dios, vendrá el emocional. Reconsiderar todo con especial referencia a objetivos sociales, morales y, en el uso correcto de la palabra, políticos, encauzar hacia un fin deseable para la comunidad.

Una sociedad compleja como la nuestra debería depender de la capacidad de la mayoría de sus miembros para leer y escribir, pensar lógicamente y actuar a la luz de información útil. Ya no funcionan las oligarquías que descansaban en una gran masa incolora de individuos ejerciendo tareas rutinarias. Cada sujeto es poseedor de capacidades asombrosas.  Pueden cristalizar en un ambiente de estímulo.

Hoy con mayor conciencia en un número creciente de personas, existe la posibilidad de crear condiciones para que cada una desarrolle iniciativa y explote potencialidad. ¿Cuál es el camino? Hacer todo nuevo y estrenarlo: ojos, oídos, mentalidad, experiencia, comunicación. Para ello se necesitan líderes, en el sector público y en el privado. Liderazgo de talento y responsabilidad, el primero lleva en sí la responsabilidad  de  liderazgo. Líderes sociales en la concepción de desarrollo humano, conscientes del sentido de misión que exige lograr un futuro mejor para el mayor número. Ello requiere preparación, dar ejemplo del bien hacer y congruencia entre el decir y el hacer.

¿Podremos responder con vigor, coraje y dedicación a las demandas que el momento actual plantea? Inaplazable que evolucionemos hacia la madurez, que es uso de la razón, que es objetividad. Cuando podamos ejercitar estas virtudes se habrá dado el cambio, pues lo andado en el camino del sentido común es irreversible.

PabloAveleyra

Escritor

En lontananza

Estudió la Licenciatura en Economía en el ITAM. Prolífico autor que en sus obras ha abordado temas como la economía, la sociología y las finanzas.