Hace casi 10 años se publicó un artículo con un mensaje muy sencillo: la buena administración aumenta la productividad ( How good management raises productivity , McKinsey Quarterly, 2002).

Lo expuesto en el referido texto fue la conclusión de un estudio basado en una muestra de 100 empresas manufactureras de Alemania, Estados Unidos, Francia y Reino Unido. La administración de éstas fue calificada en una escala de 1 a 5 (más alto): dos estaban en el nivel más bajo y 19, 53 y 26 en los siguientes tres.

Los autores fueron J. Dowdy, entonces Director de la oficina de McKinsey & Company en Londres, y S. J. Dorgan, consultor.

McKinsey creó una herramienta para calificar, mediante entrevistas, 18 dimensiones de la administración.

En febrero pasado, la National Bureau of Economic Research difundió el informe Management practices across firms and countries . Sus autores son europeos: los ingleses N. Bloom (ahora en la Stanford University) y J. Van Reenen (London School of Economics), el griego C. Genakos (Athens University of Economics and Business) y la italiana R. Sadun (Harvard Business School).

En el 2005, McKinsey había publicado Management matters , elaborado por Dowdy, Dorgan, T. Rippin (McKinsey) y Van Reenen y Bloom (London School of Economics).

Los datos en que se basa el nuevo análisis corresponden a más de 10,000 organizaciones de 20 países, entre ellos México. Según esos economistas, las empresas manufactureras de Estados Unidos (calificación promedio: 3.35), Alemania (3.23) y Japón (3.23) son las mejor administradas.

Las de los países en desarrollo, como Brasil (2.71), China (2.71) e India (2.67), tienden a estar mal administradas. México está en la mitad de la tabla (2.92). Las empresas de comercio al menudeo y los hospitales estadounidenses también están bien administrados, aunque no las escuelas.

Existe una gran heterogeneidad en las prácticas de administración en todos los países y sectores. Uno de los factores vinculados a esta diversidad es el tipo de propiedad: las empresas del gobierno y las familiares dirigidas por los mismos son, en promedio, mal administradas; en contraste, las multinacionales y aquellas con una gran cantidad de accionistas están mejor.

Las prácticas de administración están asociadas al grado de competencia en los mercados de productos y la habilidad de los trabajadores. Los mercados laborales menos regulados están asociados con una mejor administración de los incentivos (por ejemplo, la promoción basada en el buen desempeño).

La calificación de la administración de incentivos es 2.71 para las empresas de México; las de Estados Unidos tienen la más alta (3.25) y las de Brasil, la más baja (2.55).

Según el Índice de Competitividad Global (Foro Económico Mundial) más reciente, México está en la posición 58 (entre 142 países), Estados Unidos en la quinta y Brasil en la 53.

El cálculo de este indicador considera muchos factores; uno de ellos es la eficiencia del mercado laboral, donde México no está bien (lugar 114):

ocupamos el sitio 105 en flexibilidad (en prácticas de contratación y despido y en rigidez del empleo, los lugares son 123 y 108) y el 109 en uso eficiente del talento (en remuneraciones y productividad y confianza en la administración profesional las posiciones son 84 y 75).

Por lo anterior, no sorprende que la administración de incentivos en México sea deficiente.

fnunez@eleconomista.com.mx