Se trata de dos mundos. La economía financiera es la del poder. La economía real es la de la población en general.

Sobre Estados Unidos, el economista Nouriel Roubini que fue el economista principal del Grupo de Asesores del expresidente Clinton dice: “Las tendencias actuales indican una creciente desconexión entre la economía financiera y la real (...) Los nuevos máximos en los mercados de valores no significan nada para la mayoría de la gente: 50% que ocupa la parte inferior de la distribución de la riqueza sólo posee 0.7% del total de activos en los mercados de acciones, mientras que 10% superior controla 88% y, 1% superior a 52 por ciento. La riqueza de las 50 personas más ricas equivale a la de 165 millones de personas más pobres”.

Esto ocurre en el país más poderoso del mundo y uno de los más democráticos desde el punto de vista electoral, creándose una profunda desconfianza hacia las instituciones de gobierno y ha propiciado la creación de un nacional populismo con sabor neofascista. No quieren el poder para redistribuir sino para mantener la inequidad. Todavía no ha llegado el momento en que si los de abajo se mueven los de arriba caen.

Joe Biden, presidente estadounidense está demostrando capacidad de hombre de Estado en favor de su país al tomar decisiones importantes. Atrás, con Trump, quedaron los momentos finales de un accidente histórico.

Lo primero que hizo Biden fue resolver una vacunación masiva. De esta manera se preserva la salud y paulatinamente se retiraran las restricciones que limitan a la actividad económica y social. La OCDE estima que Estados Unidos ha vacunado a 20% de su población y lo ha hecho con celeridad. Como comparación, Francia sólo ha vacunado 5% y Brasil a 3 por ciento.

La lentitud en el acceso a las vacunas tiene muchas explicaciones 1) la insuficiencia de la oferta además del conflicto de mercados entre los productores de China y Rusia, por un lado y los de Estados Unidos y Europa, por otro; resistencia de núcleos de población en Europa para vacunarse; la falta de recursos financieros en los países pobres para comprarlas: hay gobiernos como el de Suecia en que desde que se inició la pandemia decidieron no hacer nada. Los muertos se multiplicaron, dando un pésimo ejemplo siendo un país socialdemócrata.

Otra decisión importante del presidente Biden es su coordinación con él gobierno de Canadá para acometer la tarea de enfrentarse al cambio climático mediante una transición energética eliminando combustibles fósiles.

Tanto la pandemia del Covid-19 y sus complicaciones así como el cambio climático son problemas que afectan al mundo. Así deberían ser tratados. Pero los gobiernos de muchos países lo ignoran. Solamente se ha vacunado 2.4% de la población mundial y solo 20 países han decidido el abandono del carbón. Ello es grave para el presente y el futuro. La pandemia del Covid-19 y el cambio climático son un peligro para la civilización.

s.mota@eleconomista.mx

Sergio Mota Marín

Economista

Economía y Sociedad

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.

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