Para demostrar que la culpa no es toda suya, el gobierno debería publicar más la existencia de factores ajenos que conspiran contra nuestro crecimiento: la debacle petrolera; el alza de interés decretada por la Reserva Federal; el débil peso frente al fuerte dólar; la inestabilidad de los mercados financieros; los precios deprimidos de materias primas y la desaceleración china, que de dos dígitos de crecimiento anual pasa a un envidiable 6 por ciento. A propios y extraños tiene que cacarear la codiciable para quiénes situación de los fundamentales de la economía mexicana. Espero que el mal inicio del 2016 se apacigüe conforme los actores se acomoden a las nuevas realidades. No hay mal que dure 100 años...

Aquí entre nos, siempre hay nubecillas en el panorama y se refieren a las finanzas públicas, debilitadas por una deuda elevada y la necesidad de recursos para hacerle frente. Decrece la inversión física, la que se realiza en infraestructura; malo, pues es el tipo de erogación que estimula el empleo, motiva la inversión privada y reduce costos, resultando en aumentos de productividad y competitividad. Por el contrario, aumenta el gasto corriente, pero ya sabemos que en buena medida son plazas y sueldos para burócratas y multitud de esquemas oficiales para paliar necesidades sociales, en ambos casos no se produce nada, y mayores recursos a las entidades, que vaya usted a saber el destino que tienen. Los ingresos públicos han crecido notablemente, díganme en qué se traduce este fenómeno.

Allí está latente la espada de Damocles contra la inversión privada nacional y extranjera: impunidad, corrupción, violencia e ineficiencia del aparato gubernamental.

Hay distractores que se usan para atontar al ciudadano. Algunos no funcionan y son contraproducentes porque dañan la confianza: son las cotidianas reuniones masivas y discursos de los oficiales: claro, el presidente a la cabeza. ¿No perciben los asesores el hartazgo y la repulsión que causan? Y los distractores de siempre, que casi nunca faltan para algún alivio de las autoridades: los Chapos; el futbol; las notas rojas; los escándalos y pillajes de funcionarios que nunca son sancionados; el redescubrimiento de los restos de Cuauhtémoc; la visita del papa, que escogió el nombre de Francisco, el más humilde y grande santo del santoral: al pobrecillo de Asís no le gustaban los reflectores, además, en su tiempo no los había.

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