415 páginas de un plan o proyecto de nación, pueden ser muchas para hacer gobierno seis años. También un catálogo de buenas intenciones, ideas geniales e incluso compendio de disparates. Todo ello normal en almanaques de esta especie cuyas posibilidades de vida se reserva a la alquimia electoral, al arrebato sexenal en caso de que gane el jefe de redacción, o a la cruda realidad que del dicho al hecho, hay mucho trecho. Por ahora en este paredón, en ejercicio libre de elección y arreglo narrativo, les digo que se incluye un programa de desarrollo sustentable y buen vivir.

Para que todo se sepa en donde hay recurso del erario, quieren un sistema universal de declaración patrimonial y declaraciones juradas, así como el levantamiento del velo y transparencia para actores privados. Se trata de favorecer la economía social, solidaria y cooperativa en la contratación gubernamental, de tener un gobierno esbelto, de reducir su tamaño sin sacrificar la calidad de los servicios, es decir, de liquidar empleados pero con tino.

Por ejemplo, en política exterior, se habla de ir hacia un mundo incluyente y justo. De promover una visión más amplia de la cultura. Para el caso de América Latina y el Caribe, dicen AMLO y sus personeros, se debe recuperar la agenda de desarrollo, fortalecer la proyección de la lengua, historia, cultura e identidades comunes. En el escenario de la cancillería, su Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo es responsable de la Agenda 2030, la cual tiene que ser marco de acción para la cooperación internacional.

En tal perspectiva estiman que la construcción de un corredor mesoamericano (logístico, energético, turístico y cultural), puede ser un buen punto de partida. Viene entonces la operación de un tren turístico transpeninsular, con máquinas de mediana velocidad, que desarrollen unos 130kph. En la cooperación con Europa, se verá la preservación y desarrollo del Patrimonio Cultural, en tanto la presencia de nuestras industrias culturales es menester reforzarla. Hay que aprovechar en ese campo, las similitudes con Italia y España.

Es así como la política exterior no estará en manos de improvisados y multiusos, políticos en desgracia o amigos. Se nombrarán a funcionarios capaces y probados. Nada de aprendices. Los miembros del Servicio Exterior Mexicano no incurrirán en gastos onerosos o actividades ostentosas en sus representaciones.

Por otro lado, el plan de AMLO y sus estrategas aboga por una nueva cultura de cumplimiento fiscal por parte de los ciudadanos. Se trata de que nadie escape de pagar impuestos. Quieren a su vez centros productivos en las zonas urbanas marginadas, instalaciones sustentables con centros culturales. Se contará con fondos para el desarrollo industrial de zonas marginadas, y es indispensable dividir la Secretaría de Economía para tener además la Secretaría de Fomento y Desarrollo Industrial y Tecnologías. Propugnan en el ámbito del turismo por un México visto como un destino donde se preserva, respeta y protege tanto el patrimonio cultural, como el medio ambiente.

No en vano toda política debe ser social, integrar los diferentes Méxicos en uno sólo que recoja lo mejor de los otros en materia de tradición, productividad, emprendedurismo, solidaridad, esfuerzo y amor por México.

En terrenos de la educación, ciencia y valores, le apuestan a una profunda transformación del Conacyt. A un incremento sustancial del presupuesto del sector cultural. Además que cada escuela disponga de un archivo con los documentos, testimonios, representaciones videográficas, fotográficas y artísticas de la historia de la comunidad y de la escuela.

Los amloistas no tienen pudor en reunir textos inconexos en 415 páginas que, de seguro, no leyeron de corrido.

Eduardo Cruz Vázquez

Periodista

En el paredón

Periodista, gestor cultural y exdiplomático, experto en economía cultural, formación de emprendedores culturales y gestores de diplomacia cultural