Desafortunadamente la pandemia de la gripe china, conocida como Covid-19, traerá además de la tragedia de la pérdida de miles de vidas y secuelas físicas y psicológicas, una crisis económica y su consecuente afectación social. Nuestro país ha vivido diversas crisis económicas y financieras producidas por muchas razones, entre las que se encuentran: malas decisiones de gobierno, incompetencia de los políticos, corrupción, mala empresa y empresarios, falta de liquidez en el sistema de pagos y razones exógenas. En esta ocasión estamos experimentando una crisis económica producto del freno a la economía que se viene gestando desde el resultado electoral del primero de julio del 2018 y que se ha venido acelerando notablemente en el año 2019 con 350,000 empleos perdidos, hay que saber reconocerlo, por causas estrictamente de responsabilidad interna y, a lo largo de este año, la situación se viene complicando en demasía; para diciembre habremos perdido cerca de un millón de empleos formales, habrán quebrado miles de empresas y habrán cerrado muchos comercios de centros comerciales.

En México estamos obligados a unirnos más. En particular los empresarios que representan al capital y el gobierno que es la autoridad; necesitan dejar de lado sus diferencias como en la mayoría de los países y trabajar por la nación en su conjunto; los de arriba y los de abajo. No podemos enfrentar la tragedia humana de abandonar a nuestros ancianos por el Covid-19 y el hambre y pobreza que viene para muchos mexicanos, con la muy vieja lucha de clases; estamos en el siglo XXI. Los retos requieren unidad y dejar de lado la mezquindad. Por ejemplo, aumentar los salarios sólo al tope de la inflación --como el empresariado siempre ha propuesto bajo la eterna excusa de la productividad-inflación-- es tan radical como incrementarlos al cien por ciento como el gobierno pretende por decreto. Entre ambas posturas existe un espacio enorme de entendimiento en beneficio de todos. Entre los intereses político-electorales y los económicos debe de prevalecer el bien común de la sociedad.

El país tiene 40 millones de pobres que necesitan atención, pero existen 90 millones de personas que requieren seguir adelante en su camino a la prosperidad. La pandemia nos ha enseñado que todos los habitantes del planeta tienen como parte de sus aspiraciones, poseer una cantidad de dinero para comprarse bienes y servicios y, como apunta Antonio Navalón, hemos atado nuestro concepto de libertad al consumo, por tanto, la economía tiene que despertar, so pena que, la inseguridad ya en descontrol, aumente considerablemente. Tenemos frente a nosotros la pandemia que llegó para quedarse, elecciones en EU, el reto de ser actores ante el reacomodo mundial, un sistema bancario con una aspirina que termina en seis meses como máximo y un gobierno con escasos instrumentos fiscales y negación de atender los problemas de oferta y demanda agregadas. La clase política y los empresarios deben de seguir trabajando de la mano del presidente para ayudarnos todos y poner pausa a la división, como ocurre en prácticamente todos los países del mundo porque de lo contrario no habrá mexicano que lo resista.

Carlos Alberto Martínez

Doctor en Desarrollo Económico y Derecho

AUCTORITAS

Profesor en la Universidad Panamericana, Ibero y TEC de Monterrey. Ha trabajado en el Banco de México, la Secretaría de Hacienda, en Washington, DC y en la Presidencia de la República. Actualmente estudia el doctorado en Filosofía con investigaciones en el campo de la ética y la economía. Autor de libros en historia económica, regulación financiera y políticas públicas.