Hay evidencia empírica de que la globalización desbordada y sin control asociada al desarrollo tecnológico de las empresas han sido determinantes, aunque no las únicas, de la desigualdad en la distribución del ingreso. Éste se ha concentrado y el bienestar de las personas se ha reducido porque están desempleadas, sus ingresos han bajado o las pensiones no alcanzan. / El economista Dani Rodrik, profesor de la Universidad de Harvard, formuló el “trilema ineludible de la moderna economía global: democracia, soberanía nacional y avances en la globalización son incompatibles”. Lógico, la globalización erosiona la soberanía y la democracia.

Pero, asimismo, está la aceptación sin reparo de las ventajas comparativas que ofrecen particularmente los países en desarrollo, en donde existe el trabajo infantil, el deterioro del medio ambiente y la mano de obra con bajos salarios, resultado de la escasa productividad y la violación de derechos esenciales.

Esto significa modificar principios que permitan establecer equilibrios entre los intereses comerciales y financieros y el bienestar de las personas. Es una tarea política de la mayor significación global, difícil en su realización por el surgimiento de líderes mundiales de corte autoritario, que sólo se ven a ellos mismos y a sus países como base de su poder disruptivo: Trump en Estados Unidos, Xi en China y Putin en Rusia.

Un caso entre tantos de la pérdida de liderazgo en la solución de los problemas globales es que, a partir de la indiferencia e ignorancia de Trump, todavía se le esté dando vueltas al problema del cambio climático, como si tuviéramos estrabismo para no ver el problema.

Con liderazgos globales ausentes, todo parecería indicar que, en el mejor de los casos, las calabazas se acomodarán en el camino. Si es que no revientan.

En México, el crecimiento lento de la economía ha concentrado más el ingreso, lo que ha producido en la población un cuadro desolador. En primer lugar, un horror generalizado y creciente por la inseguridad en la que vivimos. La seguridad para el ser humano es más importante que la libertad porque se asocia al instinto de supervivencia.

La otra cuestión grave es la pobreza. Se trata de 53 millones de mexicanos. Si a esta cifra le agregamos las decenas de millones que han emigrado, el origen del problema se complica. La economía y los gobiernos no han podido ofrecer el empleo suficiente a la población que anualmente se incorpora a la población económicamente activa. Tampoco educación. Esto ha creado la emigración y la aberración denominada “ninis”—jóvenes que ni estudian ni trabajan, pero que sí consumen— y que explica que 8.5 millones de mexicanos, según el censo del 2010, estén en esa situación. De ahí sale mucho para la criminalidad. Los cárteles atraen a los jóvenes con drogas, dinero o un sentido de pertenencia.

Para el próximo gobierno, las prioridades de atención que saltan a la vista son empleo, seguridad, disminuir la pobreza, educar a todos y ofrecer una mayor cobertura a los servicios de salud.

México tiene que superar la regresión que vive en su política económica. En el pasado, de 1935 a 1946, el país creció a un exitoso ritmo de 6% en forma anual, elevándose el ingreso nacional y el nivel per cápita. Después, durante el periodo de 1958-1970 se volvió a ese ritmo de crecimiento de 6% con estabilidad de precios, salarios reales y empleo en aumento. Posteriormente, durante los últimos 36 años, la economía se ha estancado con un mediocre crecimiento económico de 2.3 por ciento.

Para el 2018 y el 2019 la economía mexicana crecerá, según el FMI, en 2.3 y 3%, respectivamente, mientras que China lo hará en 6.6 y 6.4% en ambos años e India en 7.4 y 7.8 por ciento. Las comparaciones son odiosas, decía don Quijote de la Mancha.

SergioMota Marín

Economista

Economía y Sociedad

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.