Aristóteles (384-322 a. C.), maestro de la humanidad durante 2,000 años, en La Política propone ideas que se aplican a lo que ahora vivimos. Enseguida un collage (Colección Austral de Espasa Calpe, 4ª. edición, Buenos Aires, 1946). Máximas para ser leídas por don Andrés Manuel. Si se digirieran (digerir, no dirigir) podrían ayudar para que se sedimente su soberbia.

El ciudadano es parte de un equipo cuyo fin es salvar a la tripulación, a pesar de diferencias es obra común. La oligarquía considera sólo el interés de los ricos y la demagogia el de los pobres; ninguno de estos gobiernos piensa en el interés general. El Estado exige funciones diversas: trabajadores, artistas, guerreros, gente rica, pontífices y jueces. El déspota gobierna súbditos que valen tanto o más que él sin consultar sus intereses.

En democracia, las revoluciones nacen del carácter turbulento de los demagogos. Cólera es de niños; razonamiento e inteligencia, de adultos. La demagogia nace del empeño de hacer general una quimérica igualdad. Se reparte al pueblo, pero socorrer así a la pobreza es como querer llenar un tonel sin fondo. Los tiranos son primero demagogos, ganan la confianza del pueblo calumniando a los principales ciudadanos.

Auméntese la clase media, sólo así se impiden las revoluciones que nacen de la desigualdad. El Estado bien administrado es aquél donde dicha clase es más numerosa que las otras dos, sólo allí se encuentra representado el interés general.

Mejor el poder ejercido cuando la atención se centra en un objeto en vez de multitud de asuntos diversos. Un solo hombre no puede verlo todo, será preciso que delegue; absurdo pensar que sólo dos ojos, oídos, pies y manos pueden hacerlo mejor que un grupo. Objeción a la elección de funcionarios hecha por la multitud: sólo los que saben tienen las luces necesarias para elegir bien.

Error grave es hacer descansar la democracia en la soberanía del número. Tan pronto el pueblo es monarca se hace déspota. El Estado donde todo se resuelve mediante decretos populares no es una democracia. La única virtud exclusiva del mando es la prudencia.

Siempre es bueno que alguien no le permita al gobernante dejarse llevar por sus caprichos. Sobre todo mediante las leyes es como se evita una concentración del poder que se apoya en las fuerzas de un partido numeroso.

PabloAveleyra

Escritor

En lontananza

Estudió la Licenciatura en Economía en el ITAM. Prolífico autor que en sus obras ha abordado temas como la economía, la sociología y las finanzas.