“Nada es tan permanente como un programa temporal del gobierno.”

Milton Friedman

Es poco probable que los recientes aumentos de precios marquen el inicio de un período de inflación estructuralmente más alta. El repunte de la inflación subyacente, es menos amenazante si se tienen en cuenta los efectos base y algunos movimientos relacionados con la pandemia.

Ante las implicaciones de una inflación alta y sostenida, es necesario buscar el origen de los cambios en el proceso inflacionario, antes de endurecer la Política Monetaria como respuesta con sus efectos negativos en la actividad económica y en la generación de empleo.

Las fluctuaciones en la inflación general de las economías avanzadas durante los últimos 30 años se explican en su mayor parte por choques específicos en algunos sectores, más que por tendencias generalizadas entre los precios de los productos y de los servicios.

Ello refleja en parte los shocks de precios que solo desencadenan efectos inflacionarios de segunda ronda, que es como se denomina a la situación en la que la subida de la inflación provoca incrementos de salarios, que a su vez generan presiones inflacionarias en la medida en que no vayan acompañados de aumentos de productividad.

El régimen de metas de inflación ha significado que las empresas y los trabajadores, esperen que los movimientos inflacionarios bruscos sean transitorios, lo que permite que las empresas y los trabajadores elijan no modificar sus demandas de precios o salarios en respuesta inmediata.

Los factores estructurales han logrado que los salarios sean menos sensibles a los choques de precios, inhibiendo uno de los canales a través de los cuales se construyen los efectos inflacionarios de segunda ronda.

La globalización y los desarrollos en las cadenas de suministro han aumentado la competencia y reducido el poder de fijación de precios, lo que limita la medida en que las empresas pueden repercutir sus aumentos de costos en sus precios de venta.

Si la tasa de inflación actual se compara con la de los cinco años anteriores, estos aumentos repentinos no sugieren que estemos regresando al mundo inflacionario de principios de la década de 1980. Aunque los picos inflacionarios recientes han sido grandes, el repunte no es fundamentalmente diferente al observado durante los picos de inflación transitorios anteriores.

La literatura académica, sugiere que puede haber algunos motivos para ignorar los movimientos inflacionarios extremos en caso de choques de oferta.

Si un choque de oferta desplaza significativamente hacia arriba el precio óptimo que cobran algunas empresas y reduce ligeramente el precio óptimo de la mayoría de los demás productos, entonces, en un mundo totalmente flexible, la variación agregada en los precios puede ser pequeña. Aunque los ajustes en los precios incurren en los costos, por lo que las empresas cuyo precio óptimo ha caído levemente, pueden esperar hasta su siguiente revisión para ajustarlos. Por lo que en el corto plazo la inflación aumentará, aunque es probable que los precios agregados converjan al mismo punto que en un mundo completamente flexible.

Por el contrario, si hay un choque de demanda, que se inclina hacia ciertos productos, como los bienes de consumo duraderos, las medidas de inflación pueden subestimar las presiones inflacionarias subyacentes.

Es tentador argumentar que los factores de oferta están desempeñando un papel más importante de lo normal en el comportamiento de los precios en este momento y que, eliminar los movimientos extremos de los precios es sensato para medir las presiones inflacionarias subyacentes. Lo que ignora el hecho de que la importancia relativa de los factores de oferta y de demanda, puede diferir de una economía a otra.