México sufre una compulsiva destrucción de instituciones y bienes públicos. La ruina es el paisaje generalizado en la administración pública, obra de un gobierno distópico caracterizado por sus delirios, ignorancia e ineptitud. La función cardinal de un gobierno es la creación de bienes públicos; sin embargo, el régimen actual insólitamente los desprecia y embiste con furia desbocada. Es quizá por eso que el gabinete en funciones sea el más destacado, en mucho tiempo, por su mediocridad e incompetencia, sólo comparables a su abyección. El desmantelamiento de instituciones y bienes públicos ha sido notorio en salud, educación, seguridad, energía, infraestructura, órganos reguladores, ciencia, cultura y política exterior, pero en forma muy particular, en medio ambiente. En ello, la motivación del gobierno es destruir, para liberar y transferir masivamente recursos a subsidios clientelares que buscan comprar votos y voluntades, y a proyectos faraónicos absurdos.

Es muy larga la lista de atrocidades cometidas por el gobierno en el campo ambiental – que han sido consignadas en esta columna. No obstante, las más recientes rayan en el terreno de lo trágico. Me refiero a la arremetida del régimen en contra de los bienes públicos ecológicos vitales de la Nación, como lo son las Áreas Naturales Protegidas (ANP). Parques Nacionales, Reservas de la Biósfera y otras ANP en tierra y en el mar, son columna vertebral de la conservación de la biodiversidad y del capital natural, patrimonio de México y de la humanidad, y matriz de una miríada de servicios ecosistémicos, paisajísticos y escénicos de valor incalculable, además de instrumento crítico de presencia del Estado y de afirmación de su soberanía territorial.

México ha establecido a lo largo de décadas más de 180 ANP que ocupan alrededor del 18% del territorio nacional, y que son manejadas y gestionadas por la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), entidad desconcentrada de Semarnat. Pero, en el 2020, el gobierno recortó en casi 40% el presupuesto de Conanp (de por sí estrecho); y en semanas recientes, cercenó en 75% sus fondos, con lo cual Conanp quedó incapacitada. No satisfecho con esto, el régimen la despojó de un 70% adicional en el programa toral de la Conanp, que ha sido el del PNUD-Sinergia (financiado Pari passu por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo). Con esto se va a despedir a más de 200 personas que han fungido como guarda-parques, operadores de proyectos, apoyos comunitarios, vigilantes, técnicos en conservación, combatientes de incendios, y asesores de comunidades rurales. Ahora las ANP quedarán abandonadas, junto con campesinos, pobladores, pescadores, y operadores turísticos, y entregadas al crimen organizado. Quedarán arrumbadas ANP como Revillagigedo, Bahía de Loreto, Isla Guadalupe, Bahía de los Ángeles, Cuatrociénagas,  Sierra Tarahumara, Sierra Gorda, Cañón del Sumidero, Huatulco, Montebello, Palenque, todos los arrecifes de Quintana Roo, Tulúm, y Yum Balam, entre otras ANP, en 26 entidades federativas y nueve Divisiones Regionales. Cabe subrayar la importancia existencial de las ANP en un país con un débil o nulo estado de derecho, y en el cual virtualmente no existe propiedad pública de la tierra, ya que casi todo el territorio nacional es propiedad privada (ejidal, comunal o individual) – incluyendo a las propias ANP, salvo pocas excepciones. Esto, como consecuencia de la reforma agraria del siglo XX, en la cual el Estado perdió la inmensa mayoría de su patrimonio territorial. (México es un Estado sin Tierra). También, es imprescindible advertir que las ANP son el capital natural fundamental que hace posible y más valioso y competitivo el desarrollo turístico en muchas regiones del país, y por tanto la generación de millones de empleos.

El desmantelamiento y próxima desaparición de la Conanp (y, por cierto, del todo el sistema Semarnat, incluyendo a Conabio, Profepa y Conafor), a partir de un protervo designio del régimen, ocurre mientras el titular de Semarnat, como Nerón, lo celebra, en vez de con una lira, delirando, escribiendo abstrusos panfletos ideológicos para celebrar al régimen de la llamada 4T y a su obsesiva compulsión destructora de bienes públicos.

Gabriel Quadri de la Torre

Ingeniero Civil y Economista

Verde en Serio

Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.