La autonomía de los reguladores es un concepto muy usado en discusiones de política pública. Muchos la entendemos como algo positivo. Pero si somos sinceros, es una idea que pocas veces se cristaliza en acción.

La mayoría de los secretarios o ministros que encabezan un sector dentro de un país que busca ser competitivo, como el energético en México, reconocen que la estabilidad y confiabilidad del sistema es más importante que su visión individual sobre un tema específico. Confían las decisiones regulatorias a los reguladores independientes. Aunque puedan hacerlo, no intervienen de más.

De vez en cuando, sin embargo, ocurre algo que nos recuerda que depender de la virtud humana como método de gobernanza es, en el mejor de los casos, ingenuo. Un secretario toma el teléfono o manda un oficio: “la administración considera que esta iniciativa debe tener un trato preferente”.  Las opciones del regulador se limitan a alinearse o no.

Esto igual puede pasar con un gobierno de izquierda o de derecha, en una democracia emergente o madura. De hecho, sucedió la semana pasada ni más ni menos que en Estados Unidos —un mercado sofisticado y una democracia madura— en un intercambio entre su Departamento de Energía (DOE) y su Comisión Federal Reguladora de Energía (FERC). La propuesta de modificación a las reglas de los mercados eléctricos mayoristas, de acuerdo con el DOE que las impulsa, haría más competitivas a tecnologías “resilientes y confiables”, como la nuclear y la generación a partir de carbón. Pero ha recibido una lluvia de críticas que van más allá de la perspectiva técnica. Una serie de actores también ha acusado que considerarla en los términos y, sobre todo, en los plazos planteados por el departamento vulneraría la independencia de la FERC en pro de una agenda política, esgrimida en una controvertida campaña electoral.

Independientemente de cuál vaya a ser el resultado, el análisis del proceso es relevante. La autonomía está haciendo posible que un grupo de comisionados de la FERC exponga sus objeciones tanto a la propuesta como a los plazos. El hecho de que el secretario de Energía no tenga la autoridad para correr a los comisionados protege su independencia. La naturaleza colegiada de la FERC, además, claramente empodera a los comisionados. Quizás en Estados Unidos ningún comisionado tenga la estatura política de Rick Perry. Pero, juntos, pueden hacer montón. Y no sólo son los comisionados actuales: ocho excomisionados han hecho lo mismo. Invocando tanto argumentos técnicos como precedentes de autonomía, están exhortando públicamente a los comisionados actuales a oponerse a la propuesta.

Para los legisladores mexicanos, debería ser un caso de estudio que los convenza aún más de la importancia de la autonomía, de la naturaleza colegiada de las decisiones regulatorias y de los precedentes como candados que protegen el rol de las instituciones.

En este sentido, son buenas noticias que, en México, tanto la Comisión Nacional de Hidrocarburos como a la Comisión Reguladora de Energía tienen las mismas herramientas que la FERC para defender su independencia regulatoria. Son organismos colegiados, tienen autonomía y han sentado una creciente serie de precedentes.

Pero la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente (ASEA), con funciones regulatorias igual de importantes, no. A pesar de que está demostrando ser una institución madura y técnicamente solvente —ha publicado más de 30 piezas regulatorias, emitido más de 15,000 autorizaciones y realizado unas 1,200 inspecciones— el marco legal aún la supedita a la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat). También concentra todos sus poderes de decisión en un solo funcionario, en vez de dispersarlos en un cuerpo colegiado.

El correcto funcionamiento de la ASEA ha dependido, en gran parte, del autocontrol de la Semarnat y de su director ejecutivo, quien hoy busca colegiar sus decisiones. Pero, de nuevo, apostarle a la virtud humana como método de gobernanza es poco sensato. Mejor hacerle caso a la OCDE y hacer a la ASEA independiente.

Pablo Zárate

Consultor

Más allá de Cantarell

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