La negociación de Argentina con el FMI se ha apretado y una cosa es segura: la pretensión de la quita de la deuda no prosperará.

Según noticias, el programa de ajuste incluye cuatro etapas: corrección de las cuentas fiscales, estabilización de la economía, pago de pasivos y generación de inversiones.

En el agitado debate que se desarrolla en México sobre el tema de las estrategias económicas, han faltado referencias de comparación. En el lado positivo, de ejemplos dignos de conocer y emular por su éxito. En el lado negativo, de ejemplos de fracaso de cuyo estudio es posible derivar enseñanzas. Como quien dice, “cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar”. En América Latina, el caso extremo es, desde luego, el de Venezuela, con el desastre del régimen bolivariano, pero en ese orden no queda muy atrás el ejemplo de Argentina, hundida por el mal manejo de los gobiernos Kirchner. El de Macri fue un breve paréntesis que fracasó en su intento de enderezar el barco en zozobra. Pero los populistas están de nuevo en el poder y poco se han tardado en empezar con sus propuestas insensatas.

Primeramente, la tristemente célebre vicepresidente Cristina Fernández (viuda del bizco) amenazó con arrogancia al FMI de que Argentina no pagaría la deuda de 44,000 millones de dólares bajo el argumento de que esos pasivos los contrajo otro gobierno. El argumento es risible: esa deuda efectivamente la contrajo otra administración, pero el deudor es el mismo: el gobierno de Argentina.

De manera  más prudente, el recién nombrado ministro de finanzas, Martín Guzmán, está tratando de darle al problema un manejo mucho más cuidadoso. Según noticias, ese funcionario ha empezado a buscar apoyos de países con poder de voto en el FMI en la búsqueda de una salida al problema de la deuda de ese país. Entre ellos se encuentra México, junto a varios otros con mucha mayor influencia.

Como era de esperarse, la negociación con el organismo se ha apretado y una cosa es segura: la pretensión desmesurada de la quita lanzada por Cristina no prosperará. Con mucho mayor buen juicio, el ministro Guzmán está planteando acordar con el organismo un programa de ajuste, cuya contrapartida sea un plan para la renegociación de la deuda, con plazos más amplios y facilidades en tasas. Según noticias, ese programa de ajuste incluye cuatro etapas: corrección de las cuentas fiscales, estabilización de la economía, pago de pasivos y generación de inversiones. Muy bonito y muy lógico, pero con todo el dolor de mi corazón el pronóstico es que no funcionará. No lo permitirá la naturaleza y la esencia del nuevo gobierno populista de los Fernández.

Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico