Las pulsiones proteccionistas del presidente Donald Trump siguen viento en popa. Es decir, sus visiones en contra de la libertad para el comercio entre las naciones del mundo. Respecto a la renegociación del TLCAN, ya a la vuelta de la esquina, Trump reiteró su amenaza de que en caso de no lograr Estados Unidos un gran acuerdo , su administración simplemente cancelaría unilateralmente el tratado. Y el logro de ese gran acuerdo sólo puede significar para los socios comerciales de EU más proteccionismo en su contra. Así es como pintan las cosas de mal.

Y aparte de los dichos proteccionistas de Trump, también están los hechos. Recientemente, el ocupante de la Casa Blanca, de pomposo copete amarillo, la emprendió en contra de la automotriz alemana BMW, advirtiéndole de que en caso de fabricar en su planta de México sus modelos de la serie 3 que se exportan a EU le impondría un arancel de 35 por ciento.

Y en un sentido parecido, algunas organizaciones de agricultores de ese país han tronado en contra de las exportaciones mexicanas de frutas y verduras al mercado estadounidense. Su pecado: ser competitivas en precio y calidad y por esa vía haber logrado una participación creciente en los mercados de ese país. Y esa participación creciente ha sido en detrimento de los productores locales, menos eficientes y competitivos. Señaló al respecto el presidente de la Asociación Mexicana de Horticultura: Nosotros hemos hecho nuestra tarea (...) en avanzar en los temas de productividad, rendimiento, de responsabilidad social (...) Hemos sido muy competitivos .

La parte a lamentar es que en todo este debate han brillado por su ausencia los representantes de los consumidores: ¿en dónde están? La razón es muy clara y debe ser reiterada hasta el cansancio: en caso de que todas esas mociones proteccionistas de Trump y sus seguidores prosperen, lo que cabe esperar es que las familias estadounidenses enfrenten en el mercado precios más elevados para los satisfactores que consumen al igual que una menor calidad para los mismos. Eso es lo que siempre trae el proteccionismo: precios más altos, menor calidad y menor variedad de la oferta.

Los que pensaban que los problemas políticos internos del presidente del copete amarillo desviarían su atención de los temas proteccionistas estaban -estábamos- equivocados. Y mientras tanto, los canadienses se encuentran atrapados entre dos fuegos y juegos, sin saber cómo navegar a través de estas aguas procelosas.

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