Airbnb aún genera escozor en algunos participantes del sector turístico mundial, pero no detiene su afán de hacer negocios, alianzas o promoción. Lucha por el ganar-ganar.

Su historia oficial se resume así: Nació en el 2007 cuando dos anfitriones alojaron a tres huéspedes en su piso de San Francisco. Ahora cuenta con cuatro millones de anfitriones que han hospedado a más de 800 millones de viajeros en unos 220 países y regiones.

Con esos números ya no se podrá soslayar a la empresa que en algún momento intentó publicitarse en estadio de fútbol del icónico y libertario equipo ST Pauli, en el turístico puerto de Hamburgo. La comunidad no aceptó a la marca por ser la causante del proceso de gentrificación.

Hay certeza de que una piedra en el camino no es obstáculo. Su cofundador y director ejecutivo, Brian Chesky, es una de esas selectas personas que están planeando, computadora en mano, el futuro del turismo en el planeta, con énfasis natural en el rubro de hospedaje. La pandemia del Covid-19 ha dado el tiempo suficiente.

Recientemente, a invitación del Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC, por sus siglas en inglés), participó en una de las charlas de la vigésima cumbre que se llevó a cabo bajo formato híbrido en Cancún.

Recordó que viajar es un deseo contenido por estos largos días y que cuando se pueda salir con mayor despreocupación, las cosas no volverán a ser iguales: “No se extrañan los viajes de negocios, ni los viajes masivos en los que tenías que hacer fila para visitar una atracción o subirte a un autobús lleno de gente”.

Viajar con familia o amigos a sitios que no estaban en el radar, principalmente lugares naturales, dentro de su país de origen es algo que toma delantera.

“La gente se reconecta con la tierra. Eso es muy bueno para la sustentabilidad en el mundo. Hay que regresar al origen”, comentó Chesky, quien no desaprovechó el momento para compartir avances de los que ya están haciendo al respecto, entre ellos acuerdos con más de 100 organizaciones relacionadas con el turismo.

Y habló, brevemente de los convenios en Tailandia, Francia y México.

En el último país, en diciembre pasado inició un trabajo conjunto con la Federación Mexicana de Asociaciones Turísticas (FEMATUR) y el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) en la iniciativa México por tierra (https://www.airbnb.mx/d/mexicoportierra), con la que se pretende reactivar la actividad turística con viajes carreteros atendiendo las indicaciones de las autoridades sanitarias de los destinos involucrados.

Las primeras rutas promovidas son: Corredor del jaguar, Maravillas de la península, La ruta de sol, Joyas del pacífico, Volcanes y golfo, Paraísos del caribe y Bajío Inolvidable.

Semanas después se sumaron los Comités Ciudadanos de Pueblos Mágicos, quienes no pueden usar libremente la marca que los identifica (la del rehilete multicolor), en poder de la Secretaría de Turismo y que fue “otorgada” durante este sexenio a una empresa privada.

En una inusual suma de esfuerzos, el 29 de abril, Airbnb informó que nombraron a Yalitza Aparicio (actriz, docente y Embajadora de Buena Voluntad de la UNESCO, entre otras cosas), como su nueva Anfitriona Mágica, “con el fin de representar con orgullo la hospitalidad y cultura mexicana, además de ayudar a reactivar de forma segura y responsable el turismo en México y dar visibilidad a los 132 Pueblos Mágicos del país”.

Su primera actividad está agendada para el tres de mayo, en el webinar: Consejos para ser un Anfitrión Mágico, mismo que está abierto a todo público.

Por lo pronto, en su top five están: Mazunte (Oaxaca), Taxco (Guerrero), San Cristóbal de las Casas (Chiapas), Mazamitla (Jalisco) y Bacalar (Quintana Roo).

*Cuando viaje, atienda las medidas sanitarias. 

alejandro.delarosa@eleconomista.mx