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AMLO vuelve a defender dictaduras en 52 Asamblea de la OEA
El presidente Andrés Manuel López Obrador vuelve a patrocinar esfuerzos en defensa de dictaduras de las Américas. Esta vez impulsa la expulsión de la oposición venezolana de la OEA, una voz incómoda para el dictador Nicolás Maduro.

Esta semana se está celebrando en Perú la 52 Asamblea General de la OEA, abordando temas como discriminación, desarrollo inclusivo, salud, seguridad alimentaria y otros. El evento de tres días evidencia claramente que la Organización de los Estados Americanos ya no es la misma de hace cinco años. La democracia y los derechos humanos no son su principal prioridad, sino la reestructuración ideológica de la OEA, con nuevos jugadores en la cancha, los que impulsan un giro de timón a la izquierda más complaciente con los dictadores de Cuba y Venezuela.
En esta línea de cambios, la delegación de México se ha sumado a los esfuerzos de Antigua y Barbuda, presentando una resolución denominada: “Revocación de la aceptación de un representante permanente ante la OEA designado por la Asamblea Nacional de Venezuela en enero de 2019”. El documento busca acallar la voz de la oposición de Venezuela en la OEA por considerarla ilegitima, dando un reconocimiento implícito a Nicolás Maduro y allanando el camino para un eventual retorno del dictador bananero. La propuesta aduce que la resolución “La situación de Venezuela y la crisis de migrantes venezolanos”, con la que se aceptó a un representante de Juan Guaidó ante la OEA en enero de 2019, no concuerda con las disposiciones de la Carta de dicha Organización. Lo más triste es que esta resolución podría ser aprobada en “la nueva OEA”.
Quiero dejar claro que la iniciativa no es un mero golpe contra Guaidó, sino contra el pueblo venezolano. Tan solo recordemos que, hace unos días la Misión Internacional Independiente de la ONU, confirmó los graves delitos y violaciones a los derechos humanos perpetrados por el régimen de Maduro, incluidos la tortura, las violaciones sexuales y todo un catálogo de crímenes de lesa humanidad.
Por otro lado, la 52 Asamblea General de la OEA no dirá una sola palabra sobre la nueva ola de actos represivos que tienen lugar en estos días en Cuba. En la isla mujeres y niños son arrestados por igual ante las hordas represivas de la dictadura de Miguel Díaz-Canel quien ha dicho que protestas es “inconstitucional”. El régimen ha cortado el servicio de internet y ha puesto la mordaza en todos los medios, sin embargo, nada ha impedido que la verdad salga a la luz: ¡En Cuba el pueblo pide LIBERTAD!
AMLO y Petro lideran nueva izquierda
Al igual que lo hizo en la pasada Cumbre de las Américas en junio de este año, el presidente AMLO vuelve a ubicarse del lado equivocado de la historia e impulsa acciones para legitimar a la dictadura de Nicolás Maduro. A este mismo equipo zurdo, ahora se suma el presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien no parece estar muy interesado en los derechos humanos sino en la integración sin integridad. El líder colombiano ha invitado sin ningún rubor a las dictaduras de Venezuela y Nicaragua a volver al Sistema Interamericano. Esto significa que vuelvan a casa, para construir una OEA muy similar e incluso peor a la que había soñado e instaurado Hugo Chávez.
Van por la OEA
La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) fundada en febrero de 2010, fue un barco que nunca zarpó. No cuenta con una sede, con presupuesto, con un liderazgo firme, ni mucho menos con un plan de acción claro y realizable. Ante este fallido intento de organización, la estrategia de la izquierda radical es aprovechar el vehículo de la OEA para impulsar una nueva agenda hemisférica, a la medida de sus aspiraciones siniestras.
Un hemisferio en crisis
La 52 Asamblea General de la OEA podría quedar en un mero evento diplomático con protocolo oficial, cena de gala y foto de familia. Insisto, no se pasará revista a temas apremiantes, urgentes como la militarización de la seguridad en México, la corrupción en Perú y Guatemala, la anunciada reelección ilegal de Nayib Bukele en El Salvador o la politización de la justicia en Bolivia.
En medio de este panorama sombrío y desolador, existe un rayo de esperanza. Los Estados miembros de la OEA, en su abrumadora mayoría, coinciden en que la situación de Nicaragua es demasiado rampante y atroz para ser obviada en este foro hemisférico. Este pequeño pero relevante gesto, me hace creer que hay luz al final del túnel y que quizás no todo este perdido en la 52 Asamblea General de la OEA. Veremos.
*El autor fue miembro del Cuerpo de Paz de Noruega (FK) y Embajador ante la OEA.