Apartir de los acontecimientos suscitados a partir del juicio de París, donde se degustaron vinos del mundo a ciegas, se cambió el rumbo de la industria vitivinícola mundial.

Mayo de 1976. El comerciante de vinos británico Steven Spurrier, propietario de cavas de vino en el barrio de la Madeleine de París, y Patricia Gallagher tuvieron la idea de conmemorar el bicentenario de la independencia estadounidense -aunque se celebrara dos meses después- en un hotel parisino, organizando una degustación de vinos.

Para tan importante evento, invitaron como jueces a reconocidas personalidades de la industria gastronómica y vinícola de diferentes nacionalidades, dueños de restaurantes, dueños de viñedos, presidentes de institutos de conservación del vino. La degustación de vinos se hizo a ciegas, es decir, los jueces no sabían el país de procedencia de los vinos, que incluían tanto vinos franceses como californianos, que por aquel entonces no tenían la reputación de la que gozan hoy. La gran sorpresa fue que en la degustación a ciegas los vinos californianos arrasaron en las preferencias de los jueces, lo que representó un gran escándalo para la industria vitivinícola francesa, que considera a sus vinos casi como un patrimonio de la humanidad.

En dicho evento sólo hubo un periodista presente, quien fue quien documentó todo el proceso de degustación. Y a partir de una inocente degustación se suscitó una serie de hechos que cambiaron a la industria vitivinícola para siempre. El primer impacto fue que por primera vez se volteó a ver con seriedad a los vinos producidos en América, y, concretamente, los vinos californianos aumentaron su precio significativamente, se pusieron de moda. Como el periodista reportó cuáles habían sido los vinos californianos degustados, estas etiquetas adquirieron un estatus de culto para los estadounidenses. Pensemos que en aquella época la cultura del vino estaba reservada por querer pertenecer a cierto estatus, por lo que los estadounidenses poco conocedores estaban ávidos de recibir recomendaciones; y qué mejor tema de conversación para un anfitrión que ofrecer un vino nacional que venció a los vinos franceses de culto.

Las reacciones en Francia no se hicieron esperar y hubo todo un cuestionamiento acerca de la pérdida de calidad del vino en pro de la producción en cantidad. Esto hizo que se replantearan los reglamentos para las denominaciones de las diferentes calidades de los vinos; además se endurecieron aún más las clasificaciones que remiten al regionalismo. Por esta razón, los vinos franceses con frecuencia son denominados en relación con el terruño en el que fueron producidos, y no por el tipo de uva con el que se producen, como ocurre con las denominaciones de vinos del resto del mundo. Es decir, mientras que en Francia se habla de un Bourgogne (la región), para el resto del mundo es un Pinot Noir (la uva). Esta complejidad en la clasificación requiere no solamente conocer el terruño sino la cepa de uva que se produce en éste.

Alrededor de los efectos del juicio de París en la moral e industria vinícola francesas se han escrito tratados y hasta tesis doctorales. Una de las defensas de los vinos franceses presentados en el juicio es que mientras los tintos californianos habían alcanzado hasta ese momento su pico máximo de calidad, los tintos franceses tenían el potencial de envejecer mejor. Les quedó tan clavada la espinita a los franceses que organizaron la revancha en el 2006, a 30 años del juicio original, donde se comprobó que los vinos californianos habían envejecido mal.

 

Twitter: @Lillie_ML

Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad

PUNTO Y COMO

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.

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