La llegada de nuevas tecnologías siempre incitan conversaciones interesantes en las que se va descubriendo un poco de la personalidad de quienes participan. Para algunos, el advenimiento de una nueva tecnología implica poder acudir al proveedor de telecomunicaciones de forma temprana para probar y hacerse experto en la utilización de la misma antes que el resto de la humanidad. Conscientes de que son una especie de conejillos de indias, cualquier fallo prematuro es perdonable si es posible, aunque sea por unos pocos meses, estar más adelantados que el resto del país.

Otros miran la tecnología desde una perspectiva puramente utilitaria. A estas personas sólo les interesa sacar números que indiquen dónde se justifica el despliegue de la tecnología y dependiendo de los costos asociados a su comercialización, explorar cuáles son las distintas alternativas disponibles para acelerar la recuperación de inversión. Un tercer grupo, el más políticamente correcto, mira a cualquier nueva tecnología desde el aspecto de su adopción por los consumidores. Aquí lo importante no es tanto ver quiénes están adoptando la tecnología, sino cuáles son las cualidades que tienen en común quienes tardan años en comenzar a utilizar la tecnología, como también conocer qué razones pueden tener alguno que otro individuo para simplemente no contratar el servicio.

Claro que éstos son grupos de amigos que se reúnen en cualquier cantina para hablar de la vida y mientras pasan las horas y los tragos hacen efectos comienzan a resolver los problemas del mundo de una sola sentada. Hago esta aclaración porque existe un cuarto grupo pendiente al desarrollo de nuevas tecnologías que no se pronuncia de forma inmediata, sino que espera pacientemente para ver cuál de los tres grupos anteriores parece dominar el discurso mediático. Entonces se transmutan como personaje de Harry Potter y se convierten en expertos que pueden repetir de manera asombrosa el discurso preparado que justifique su propuesta de política pública.

Aquí las tendencias neobarrocas de la literatura regional de finales del siglo XX se mueve a un lado para dar cabida a un híbrido que combina a la literatura fantástica con el realismo maravilloso, condimentando a este híbrido con un poco de novela policíaca. Surgen propuestas políticas donde las expectativas de la digitalización llegan a exceder las capacidades reales de la tecnología y por otro lado surgen los fatalistas que consideran que cualquier nueva tecnología lo único que hará será empeorar las diversas brechas digitales existentes. Este pensamiento ha llevado a algunas personas a sugerir que la mejor estrategia para evitar el crecimiento de las brechas digitales es demorar lo más posible la llegada de tecnologías como 5G y de esta forma evitar que haya personas con acceso a tecnología de punta mientras el resto del país continua con servicios LTE. Impulsar 5G se convierte bajo esta forma de pensar en un ejercicio de masoquismo, pues lanzar estos servicios es similar a una autopuñalada, que llega a hacer mucho más daño del esperado. Ante este pensamiento no es necesario atender los pedidos de los prestadores de servicios interesados en lanzar la nueva tecnología y tampoco facilitar su llegada por medio de la asignación de nuevo espectro radioeléctrico o la armonización de las leyes de despliegue de infraestructura.

Precisamente sobre esta postura le comentaba a un amigo que respira, vive y muere por el Toluca (sí tuvo mejores épocas futbolísticas) que una de las virtudes que tendrán las tecnologías que sean denominadas como 5G es que tienen la capacidad de justificar su despliegue en zonas geográficas con poca o ninguna presencia humana. Poder eventualmente de conectar 1 millón de dispositivos por kilómetro cuadrado le abre al 5G grandes oportunidades para justificar la expansión y/o modernización de una red móvil de telecomunicaciones en un entorno que no podría justificar la construcción de redes móviles de tecnologías 3G o 4G.

Así como 5G implica nuevos servicios, también debería significar la evolución de cómo se observa o comenta el mercado de telecomunicaciones.

*José F. Otero tiene más de 20 años de experiencia en el sector de las TIC.

José F. Otero

TIC y Desarrollo

José F. Otero tiene más de 20 años de experiencia en el sector de las TIC. Esta columna es a título personal.