Queda claro que la caída de las torres gemelas el 11 de septiembre del 2001, marcó el inicio de la lucha de Estados Unidos contra el terrorismo. No obstante, a veinte años de distancia de esa tragedia, me parece que la cuestión aquí es preguntarnos si “el terror” sigue girando en torno a lo mismo para ese país.

Porque es indiscutible que después del desastre en que resultó la retirada de Afganistán, las heridas se abren y el miedo de aquella época vuelve a generar ecos. Sobretodo cuando se da rienda suelta a la percepción de que hay un enemigo suelto allá fuera, que puede acabar con la vida tal y como es.

Ese es el terror que generó Al Qaeda en el 2001.

Según un informe reciente de las Naciones Unidas, Al Qaeda cuenta con un total de entre 400 y 600 combatientes y está presente en al menos 15 provincias afganas, fundamentalmente en las regiones del este, sur y sudeste del país.

La fuerza no es la misma de aquel entonces. Mientras que el Estado Islámico Khorasán, que parece haberse vuelto el nuevo enemigo a vencer después de las explosiones en Kabul y que quiere volver a ser fuerte tras su derrota en Siria e Irak y la caída de su autodenominado califato, tiene entre 1,500 y 2,200 combatientes repartidos en varias células, con la mayor presencia en las provincias de Kunar y Nangarhar, al noreste del país.

En su auge contó con más de 3,000 combatientes, pero ha sufrido bajas significativas en enfrentamientos con las fuerzas estadounidenses y afganas, y también con los talibanes. Por lo que se puede decir, que por lo menos en el corto y en el mediano plazo, la fuente del terror no vendrá de ahí.

Entonces, ¿Qué amenaza la existencia de Estados Unidos tal y cómo es?

La respuesta es China. Porque aunque no atente de manera física contra el imperio estadounidense y sus ciudadanos, es el único país que de consolidarse como la primera potencia mundial, haría que nuestro vecino del norte dejara de ser lo que es, y esto ocasionaría severos problemas existenciales.

Los norteamericanos están acostumbrados a ser los número uno en el mundo desde hace tanto tiempo, que hasta podríamos decir que el serlo se ha vuelto parte de su identidad, y que al ya no serlo más, la primera crisis se detonaría al rededor de ¿Quienes son en el mundo, si ya no son los número uno?

De ahí el terror que genera China y que se refleja de alguna manera en el discurso que Joe Biden dio después de las explosiones en Kabul, en donde además de decir que Afganistán debe de ser capaz de resolver sus propios problemas internos, aseguró que sus fuerzas se concentrarían en combatir al gigante asiático y a Rusia.

Parece que el enfoque en el Medio Oriente ha quedado atrás y que la guerra contra el terrorismo ha sido sustituida por la guerra contra China. Sin embargo, me parece que antes de meterse en una dinámica que pueda generar un resultado tan lamentable como el de Afganistán a nivel mundial, se debe de tener presente que la integración que se dio entre Estados Unidos y el país asiático desde 1979 hasta 2019, fue lo que de alguna manera garantizó un periodo de paz en el mundo, hasta cierto punto.

Por lo que la desintegración entre estos dos países, dentro del marco de la actualización de la guerra existencial de Estados Unidos, solamente incrementaría el riesgo de un conflicto mundial, y ahí el terror es para todos.

Hay mucho que reflexionar en este 11 de septiembre.

El último en salir apague la luz

Twitter: @HenaroStephanie

Stephanie Henaro

Profesora de Geopolítica

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Analista y comentarista mexicana. Estudió la licenciatura en relaciones internacionales en el Tecnológico de Monterrey CCM y en el Instituto de Estudios Políticos de París (Sciences-Po). Cuenta con una especialidad en política exterior rusa por el MGIMO de Moscú y una maestría en Geopolítica, Territorio y Seguridad en la Universidad de King’s College London en Inglaterra.

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