Los inversionistas han comenzado a vender los bonos del Tesoro estadounidense impulsando a la alza los rendimientos con el deterioro en sus carteras que esto implica.

En el último mes, el rendimiento de la nota a 10 años, considerado de referencia, se ha disparado y se ubica muy cerca de 2%, nivel que no se veía desde el pasado abril. No hay que olvidar que una caída en el precio de estos instrumentos impulsa a la alza al rendimiento y que el descenso en el precio se debe a la venta que los inversionistas están haciendo de éstos.

A principios de enero del año pasado el bono a 10 años reportaba un rendimiento de 1.97%; para diciembre éste ya se ubicaba en alrededor de 1.84%, tras haber caído hasta 1.59% a principios de diciembre.

Lo cierto es que en ese momento había una serie de factores para mantener las tasas en niveles bajos, los inversionistas se mostraban cautelosos ante la incertidumbre por el tema fiscal y lo que ocurriría con la denominada operación twist de la Fed, en virtud de la cual canjeaba deuda a corto plazo por otra con vencimiento a medio y largo, y que llegó a su fin en diciembre.

Hoy el panorama ha cambiado un poco, las minutas de la última reunión de la Reserva Federal mostraron que algunos de sus miembros piensan que sería adecuado poner fin al programa de compra de bonos que ha mantenido un techo sobre las tasas a largo plazo.

Y es que se mantiene el relajamiento cuantitativo (QE) por medio del cual la Fed comprará 85,000 millones de dólares al mes en títulos respaldados con hipotecas y títulos de la Tesorería con madurez a plazos más largos hasta que se espere que la inflación llegue a 2.5% o el desempleo caiga a 6.5 por ciento. Los modelos macroeconómicos de la Fed predicen que esos umbrales no se alcanzarán hasta mediados del 2015.

Sin embargo, el compromiso alcanzado en el Congreso estadounidense para evitar el precipicio fiscal redujo la demanda de los títulos públicos, pero no hay que olvidar que los legisladores se enfrentan a nuevas batallas por recortes del gasto gubernamental y para resolver el enorme déficit fiscal del país.

Este último punto podría generar una lucha política en torno de un aumento en el techo de endeudamiento de Estados Unidos, podría reavivar el apetito de los inversionistas por la deuda, que es considerada un refugio seguro en épocas de turbulencia.

Tan es así que los bonos del Tesoro han sido una apuesta ganadora durante los últimos años. A principios del 2010, el rendimiento del papel a 10 años se ubicaba en alrededor de 3.8% y desde entonces ha marcado una tendencia bajista. El índice Bank of America/Merrill Lynch 10-Year Treasury Index reportó una rentabilidad de 8% en el 2012, frente a 17% en el 2011.

Los inversionistas han comenzado a contemplar la posibilidad de que se avecine un periodo de alza en las tasas de interés.

Y es que si la economía se recupera más rápido de lo esperado y la tasa de desempleo logra ubicarse por debajo de 6.5%, la intervención de la Fed en el mercado de bonos no tendría razón de ser, provocando que las tasas se eleven y los precios desciendan, pudiendo llevar los rendimientos al rango de entre 3 y 4% en que se ubicaban en el 2010.

Y es que es peligroso pensar que la inyección de dinero por parte de la Fed, a través del QE, mantendrá a las tasas de interés nominales permanentemente bajas y que las reservas en exceso no serán eventualmente prestadas en busca de retornos más altos.