Esta semana es importante por la reunión de la Reserva Federal (Fed) de los Estados Unidos y la gran expectativa que causa el resultado en términos del futuro de la política monetaria. Como pocas veces en el pasado reciente, ahora existe un marcado consenso en el sentido de que la Fed subirá las tasas de interés de referencia por primera vez desde que estalló la crisis hipotecaria en la economía más importante del mundo

Como hemos comentado anteriormente, el hecho de que la Fed empiece a restringir la política monetaria es una buena noticia por diferentes razones. En primer lugar, es una señal de que el mercado laboral, y en general la economía, ha logrado consolidar el proceso de recuperación, por lo que ya no es necesario mantener una política de estímulos tan agresiva.

Por otro lado, mantener por tantos años una estrategia de tasas de interés en niveles de prácticamente 0% puede tener efectos adversos sobre el proceso de intermediación financiera y terminar por afectar el mismo crecimiento económico ante el escaso dinamismo del crédito. Adicionalmente, el exceso de liquidez en una economía puede causar burbujas en el precio de algunos activos, que a su vez podrían incubar nuevas crisis.

Habrá que mencionar que el mercado ha venido especulando sobre el inicio y la forma en la que se presentará el ciclo de alza en las tasas de interés durante mucho tiempo, de manera tal que si la Fed decidiera anunciar un incremento en la tasa se estaría eliminando un elemento de incertidumbre en la ecuación de los analistas, lo que en principio debería de dar más certidumbre a la operación de los mercados.

Me parece que lo mejor que podría suceder es que la Fed anuncie un incremento 25 puntos base en las tasas de interés, junto con un comunicado que deje entrever que no estamos frente al inicio de un ciclo agresivo de incremento en las tasas, sino que el proceso de normalización de la política monetaria será gradual y suave, de manera tal que no se generé ahora la expectativa de que las mayores tasas podrían poner en riesgo la recuperación de la economía estadounidense.

Habiendo dicho esto, lo más probable es que en el corto plazo siga persistiendo una gran volatilidad en los mercados financieros internacionales derivado de los movimientos en los flujos de capital y la afectación que este fenómeno podría tener sobre las cotizaciones de las monedas de países tanto emergentes como desarrollados.

Para nuestra mala fortuna, el contexto global se ha caracterizado por una feroz caída en los precios internacionales de materias primas, principalmente el petróleo, con la posibilidad de que esta tendencia continúe en el mediano y largo plazos, lo que compromete la verdadera capacidad de crecimiento de aquellos países que dependen de las exportaciones de commodities.

El precio del petróleo inició una nueva etapa de caída con más fuerza que en el pasado reciente luego de que la OPEP anunció que no habría recortes en el suministro de petróleo. De esta forma, la cotización internacional del West Texas Intermediate (WTI) se ubicó a inicios de la semana en 34.53 dólares por barril, lo que representa su nivel más bajo desde el 18 de febrero del 2009. Con este ajuste, la semana pasada el WTI concluyó con una caída de 12%, su mayor decremento en lo que va del año.

Es importante tener presente que hay dos elementos que auguran la persistencia de precios de petróleo bajos en los próximos meses o años. Por un lado, el inminente regreso de Irán al mercado petrolero en enero del 2016, después de que le sean levantadas las sanciones derivadas de su disputa con Estados Unidos por la puesta en marcha de su programa nuclear; y por otro, la evidencia de que el mundo se ha venido desacelerando de la mano de menores tasas de crecimiento de China.

A este respecto, hay que destacar que el mundo entrará a una nueva etapa en el accionar de los bancos centrales que se caracterizará por la divergencia de políticas monetarias en función del potencial de crecimiento de cada país.

Mientras que la Fed se prepara para incrementar las tasas, otros países han decidido continuar con la relajación de su política monetaria a fin de inyectar un mayor dinamismo a sus alicaídas economías. En octubre el Banco Popular de China decidió recortar sus tasas de interés de referencia por sexta ocasión en un año, precisamente para enfrentar el menor crecimiento económico y las presiones deflacionarias.

La tasa de préstamos a un año pasó de 4.6 a 4.35%, mientras que las tasas de depósitos a un año se redujeron de 1.75 a 1.5 por ciento. De igual forma, las reservas que los bancos deben mantener en el instituto central se redujeron 50 puntos bases, y en el caso de algunos bancos considerados estratégicos se estableció un recorte adicional en las reservas de otros 50 puntos base, de manera tal que la liquidez extra se pudiera canalizar al crédito. Un caso más reciente es el del Banco Central de Nueva Zelanda, que el pasado 10 de diciembre decidió recortar la tasa de interés de referencia por cuarta ocasión desde junio. La autoridad monetaria de ese país redujo la tasa de interés de 2.75 a 2.5% en virtud de la desaceleración económica.

Nueva Zelanda es el principal productor de lácteos en el mundo y sus ingresos por exportaciones se han visto golpeados por la caída en los precios internacionales de estos productos. Este movimiento era ampliamente esperado debido a los bajos niveles de inflación que siguieron a la fortaleza del dólar neozelandés.

El core inflacionario en ese país se encuentra actualmente por debajo de 1%, muy lejos del nivel objetivo de 3%, fenómeno que se ha presentado como resultado de la drástica caída en los precios del petróleo y al fortalecimiento de la moneda local. Frente a este escenario, el Banco Central de Nueva Zelanda decidió disminuir la tasa de referencia en junio, julio y septiembre, para mantenerla sin cambio en octubre y continuar con la relajación monetaria en diciembre.

Así, mientras que China, Nueva Zelanda, Europa y Japón continuarán recurriendo a la instrumentación de políticas monetarias expansivas, Estados Unidos dará inicio al incremento de las tasas de interés y junto con la Fed, Banco de México instrumentará también una política monetaria más restrictiva.

*Manuel Guzmán es director de Gestión de Activos en Monex Grupo Financiero.

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