Es importante aclarar que los ataques en contra de nuestro país tienen escasos fundamentos, pero ante una opinión pública pobremente informada, las acusaciones son tomadas como ciertas por algunos segmentos de la población, habría que preguntarnos qué hicimos mal en nuestro país para permitir que estas falacias echaran raíces en la opinión pública del país vecino.

Erróneamente, la clase trabajadora de Estados Unidos considera que los empleos de mejor calidad han emigrado a México; sin embargo, de los cinco millones de empleos manufactureros que han desaparecido en Estados Unidos en las últimas dos décadas, sólo se han podido identificar 200,000 que han emigrado a nuestro país. El resto se han automatizado o robotizado, se ubican en industrias que han desaparecido por ejemplo, un iPhone contiene más de 100 productos que se han digitalizado, desde una lámpara, una brújula, mapas, hasta un lector de libros o han emigrado a países asiáticos (notablemente China).

Es probable que Silicon Valley tenga mucho más que ver con esta desaparición de empleos manufactureros que las importaciones desde México, pero el racismo y la xenofobia hacen políticamente más rentables los ataques a nuestro país.

La desaparición de estos empleos de alta calidad causa una gran frustración entre millones de familias que naturalmente buscan un culpable, pero la globalización y el cambio tecnológico son dos fuerzas imparables que seguirán mermando los empleos bien remunerados, especialmente para gente con escaso capital humano.

Desafortunadamente, los ataques contra México entre muchas otras falacias dieron impulso a su campaña y Trump dio el siguiente paso: amenazas directas. En concreto se trata de tres amagos distintos en contra de México: (1) construir un muro a lo largo de toda la frontera, que financiará en principio el Tesoro de Estados Unidos y que eventualmente pagará México; (2) deportar a millones de indocumentados mexicanos que viven en su territorio y, lo más grave, (3) renegociar o salirse del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Gran parte del muro ya existe y las estimaciones del costo de construcción de tramos adicionales o el reforzamiento del muro existente son muy dispersas: oscilan entre los $10,000 dólares a los $20,000 millones de dólares ya hay una propuesta de establecer un impuesto (no necesariamente aranceles) a las importaciones, con lo que a final de cuentas será el consumidor en Estados Unidos quien finalmente pague el muro al enfrentar precios más altos. Barack Obama ha deportado más indocumentados que ningún otro presidente en la historia reciente de EU (casi 200,000 personas en promedio por año), será complicado que Trump acelere este programa de deportaciones sin causar una crisis humanitaria severa.

La preocupación más grande se centra en la muy probable renegociación y la poco probable salida del TLCAN por parte de Estados Unidos. Como nos recuerda Luis de la Calle, el TLCAN se diseñó en gran medida para proteger las inversiones de empresas de EU en nuestro país, más de $200,000 millones de dólares en las últimas dos décadas.

El gabinete propuesto por DJT dejó clara su intención de renegociar el TLCAN, pero en un tono más moderado, su nominado para el Departamento del Tesoro, Steven Mnuchin, aclaró que la renegociación podría resultar benéfica para los tres países involucrados.

La semana pasada, en este espacio describimos con detalle, los cuatro escenarios que tenemos contemplados: (i) todo regresa a una relativa normalidad , (ii) los escarceos comerciales arrecian pero el TLCAN se mantiene y su renegociación es clara y limitada; (iii) DJT establece aranceles ilegales bajo el TLCAN y México toma represalias y (iv) la guerra comercial entre ambos países deja (temporalmente) sin efectos el TLCAN, aunque el acuerdo no se termina o en todo caso el comercio entre ambos países continúa en el marco de la Organización Mundial del Comercio, pero la volatilidad es elevada (aunque normalmente el mercado se acostumbra a todo y la volatilidad tiende a estabilizarse).

En el primer escenario (con probabilidad de 5%), el Índice de precios de consumo (IPC) oscilará entre las 47,282 y 50,132 y el tipo de cambio rompe a la baja la barrera de los 20 pesos; en el segundo escenario (P=40%), el IPC oscila entre las 44,138 unidades y las 46,897 y el tipo de cambio cerraría el año en los $23.5 pesos por dólar (es el escenario que hoy descuenta el mercado); en el tercer escenario (P=50%), el IPC oscila entre las 41,624 y las 43,968 unidades y el tipo de cambio cierra alrededor de los $24.8 pesos por dólar; y en el último (con probabilidad de 5%), el IPC oscila entre 39,164 y las 41,305 unidades, con un tipo de cambio cerrando por encima de los $26 pesos por dólar.

Las calificadoras ya se aprestan a revisar la calificación soberana a la baja, algo que está contemplado en el segundo y tercer escenarios. Para que la situación no se salga de control, y nos mantengamos en el segundo escenario, las autoridades en México deberán ser sumamente estratégicas y actuar con cabeza fría, analizando cada situación más allá de los encabezados (y de los tweets).

*Héctor O. Romero es director general de Signum Research.

hector.romero@signumresearch.com