Nos hemos dado cuenta, con el comportamiento de las variables durante la semana pasada, de que una gran parte de la mala percepción se centró en la amenaza de las políticas proteccionistas del nuevo gobierno de Estados Unidos.

La primera semana de esgrima entre ambos gobiernos al parecer favoreció a México, lo cual se acentuó con el malestar general en EU por el contenido de la orden ejecutiva sobre inmigración.

Pero hay algo en esa sensación que también tiene que ver con efectos indirectos favorecedores a raíz de lo que el equipo deTrump está haciendo en días recientes.

El nuevo gobierno quiere generar un crecimiento acelerado y rápido. Por ello, propone reducir impuestos y favorecer a través de subsidios y deducibilidades a quienes importen menos o consuman más productos hechos en Estados Unidos. Y también a quienes exporten más.

La preocupación inmediata de estas políticas (aunque generen mayor crecimiento) es que implicarán una mayor inflación, mayores tasas de interés y por supuesto un dólar más caro contra las principales monedas en el mundo. Eso merma los logros.

Para muestra, vea el comportamiento del crecimiento del PIB en Estados Unidos en el último trimestre del 2016. La economía creció 1.9% a tasa anualizada en tal periodo. El consumo y la inversión registraron crecimientos importantes y contribuyeron cada uno con crecimientos cercanos a 2%; sin embargo, las exportaciones netas detractaron 1.7 puntos porcentuales al crecimiento en el trimestre. Un dólar caro por supuesto que impacta al sector industrial exportador de Estados Unidos.

Por eso, no en balde que tanto el presidente Trump como el Sr. Navarro y otros funcionarios, se han dedicado en días recientes a mencionar lo sobrevaluado de su moneda y a acusar, con su tradicional estilo, a Alemania, Japón, China y quien deje de manipular su moneda para devaluarse contra el dólar.

Los mercados no se andan por las ramas y vislumbran que parte de las políticas en Estados Unidos intentarán moderar la fortaleza del dólar. De hecho, la actividad verbal del nuevo equipo ha logrado que el dólar se retraiga de manera visible contra el euro, el yen y el renminbi; entre otros.

Lo anterior podría favorecer al sector industrial; mismo que a la luz de los datos que se publicaron continúa denotando una fuerte perspectiva de recuperación. El ISM manufacturero (por su sigla en inglés), que es el índice de percepción de los gerentes de compras de la industria, subió a su nivel más alto desde finales del 2014, lo que anticipa una clara expansión del nivel de producción.

Recuerde que el sector industrial norteamericano importa 40% de sus insumos desde México. Hay desde hace muchos años una relación vis a vis de la tendencia de la producción industrial en Estados Unidos y la de México. El año pasado, la producción industrial en México registró un nulo crecimiento, debido principalmente al estancamiento de su contraparte estadounidense.

A menos que el nuevo gobierno se mueva muy rápido para establecer nuevas condiciones de desventaja para la importación de dichos insumos, algo que se percibe menos probable de acuerdo con los hechos de los últimos días, la enjundia del presiente Trump por debilitar al dólar para favorecer a su sector industrial podría estar beneficiando indirectamente a México. ¿Cómo ve?

*Rodolfo Campuzano Meza es Director de Estrategia y Gestión de Portafolios de INVEX. Cualquier pregunta o comentario puede ser enviado al correo:

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