Arabia Saudí está decidida a mantener su política petrolera, bombeando suficiente crudo como para proteger su cuota de mercado, pese al daño que ha sufrido la economía nacional.

Autoridades saudíes aseguraron a Financial Times que el país árabe, el mayor exportador mundial de oro negro, producirá la cantidad necesaria para satisfacer la demanda de sus clientes, lo que indica que no tiene previsto cambiar de rumbo de cara a la reunión que celebrará la OPEP el 4 de diciembre en Viena.

"Lo único que tenemos que hacer ahora es dejar que el mercado haga su trabajo", asegura Khalid al-Falih, presidente de la compañía estatal Saudi Arabian Oil Company (Saudi Aramco). "No ha habido conversaciones en la línea de recortar la producción, una vez que hemos visto el daño que eso produce", explica.

El pasado noviembre, Arabia Saudí hizo temblar los mercados cuando la OPEP tomó medidas contra los recortes de producción, dejando claro que la monarquía dejaría atrás su estrategia de reducir la oferta para estabilizar los precios. Desde entonces, el precio del crudo se ha despeñado desde los 115 dólares por barril registrados hace un año hasta los 50 dólares.

Las compañías petroleras, que ante el escenario de bajos precios han puesto en suspenso inversiones por miles de millones de dólares, fruncirán el ceño ante la postura del Gobierno saudita.

Las críticas

El efecto en las perspectivas del sector ha despertado críticas hacia la decisión de mantener la cuota del mercado, una estrategia diseñada por el ministro de Petróleo, Ali al-Naimi, y avalada tanto por el fallecido Rey Abdullah, como por el actual monarca Salman, nombrado príncipe el año pasado y coronado en enero.

Las autoridades de Riad argumentan que su estrategia será reconocida dentro de uno o dos años, cuando la reanimada demanda se coma los excedentes de petróleo y los precios empiecen a recuperarse. En su opinión, los recortes de la producción adoptados por la OPEP en el pasado elevaron los precios a un nivel con el que podían fomentarse las explotaciones más costosas, como las situadas en zonas muy profundas del mar.

De cara al futuro, el cártel petrolero -con Arabia Saudí a la cabeza- planea extraer tanto crudo como pueda para satisfacer la demanda global, dejando que los productores que soportan unos mayores costos de explotación afronten la diferencia.

Para este tipo de productores, "un barril a 100 dólares era percibido como una garantía de que la inversión no comportaba riesgos", explica Falih. "Pero ahora ya no existe esa cobertura de seguros que prestaba Arabia Saudita sin hacer recargos", añade.

Falih, quien también es ministro de Sanidad, prevé que el mercado podría volver al equilibrio a comienzos del próximo año, y entonces la demanda empezaría a nutrirse de las reservas almacenadas en tanques. "Con suerte, sin embargo, habrá suficientes inversiones como para atender las necesidades más allá de 2017", destaca.

Otras fuentes también consideran que el mercado probablemente tardará uno o dos años en absorber la superabundancia de crudo, permitiendo así que los precios repunten hasta los 70-80 dólares por barril.

La caída de los ingresos del petróleo ha empujado a Arabia Saudita a una crisis fiscal. Con el objetivo de financiar su déficit presupuestario, del 20% del PIB, el gobierno saudí está recurriendo a sus enormes reservas monetarias.

Las autoridades también están trabajando en una estrategia más sostenible para contener el gasto público, que ha ido engordando en los últimos años. Los retrasos en proyectos de infraestructuras, como por ejemplo el metro de Riad, así como los recortes de gasto en los diferentes departamentos del Estado, ha generado una caída de la actividad en el sector privado.

El Gobierno saudí descarta que su política petrolera vaya a despertar críticas ya que, en su opinión, otros productores hubieran compensado rápidamente cualquier recorte en la producción nacional.

Sin embargo, las fuentes oficiales consultadas reconocen que el alcance de la depresión de los precios del crudo ha sido mucho mayor que el previsto inicialmente. "Sabíamos que iba a ser doloroso, pero los daños han sido más profundos de lo que nos habíamos imaginado", admite Falih, que añade que "el mercado ha sobrerreaccionado, como suele hacer en este tipo de ciclos a la baja".

Pero los productores de petróleo están cancelando proyectos de forma decidida en lugar de aplazarlos, lo cual contribuye a generar dudas respecto a un futuro auge de los precios en caso de que la demanda supere a la oferta.

"Ahora todo el mundo está corriendo hacia la salida y se están suspendiendo proyectos", advierte Falih. "Es necesario que eso suceda pero, ¿qué pasará dentro de cinco o diez años? Hacen falta inversiones", sentencia.

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