Las gestoras de fondos tienen tarea por delante. También la tienen la Comisión Europea y la Autoridad Europea de Valores y Mercados (ESMA).

El organismo creado en el 2010 para prevenir y mitigar el riesgo sistémico en el Viejo Continente ha terminado su análisis de la industria de los fondos de inversión y su conclusión es que debe estar sometida a más vigilancia y a nuevas normas para evitar que se convierta en un amplificador de una futura crisis.

La Junta Europea de Riesgo Sistémico (ESRB) envió las recomendaciones que cree que deben incorporar a la regulación para contener el peligro.

Por mucho que el fuerte desarrollo del sector de los fondos en los últimos años haya ayudado a diversificar las fuentes de financiamiento y a hacer más resistente el sistema financiero en su conjunto, la junta considera que su creciente importancia puede convertirse en un arma de destrucción tanto directa, a través del contagio a sus inversionistas, como indirecta, poniendo más presión en los mercados.

Uno de los riesgos principales de la mayoría de los fondos es que dan liquidez constante a los partícipes. Cada uno puede sacar el dinero cuando quiera. Y eso contrasta a veces con la cartera de inversiones que tienen, con una capacidad de convertirse en dinero contante y sonante muy inferior a la rapidez con la que los partícipes pueden exigir sus aportaciones en momentos de tensión.

Eso puede obligar a que las ventas se hagan a precios de derribo, lo que a su vez contribuye a la caída de los mercados. Un círculo perverso que la ESRB quiere combatir dando a las gestoras la capacidad de imponer a clientes comisiones de salida o de suspender rembolsos temporalmente.

Estas herramientas cobran especial importancia ahora que un número elevado de fondos han apelado a activos alternativos con los que dar un extra de rentabilidad a sus carteras en el actual desierto de rendimientos en las inversiones más seguras que ha creado la era de los tipos ultrabajos. Más rentabilidad suele implicar menor liquidez y, por tanto, más dificultades para venderlos en momentos de estrés.

Pero a los gestores de estos fondos alternativos no les bastará con disponer de herramientas que permitan ralentizar los rembolsos. Deberán convencer a los supervisores de que pueden mantener sus estrategias de gestión en condiciones de estrés.

A eso se une la necesidad de realizar pruebas de resistencia en los fondos; para los más alternativos y para los tradicionales.