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España busca prohibir la venta de bebidas energéticas a los menores de 16 años

El Gobierno español aprobará una normativa para prohibir la venta de bebidas energéticas a menores de 16 años y hasta 18 años con contenido elevado en cafeína, según ha anunciado hoy el ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, Pablo Bustinduy y ha confirmado después Sanidad.
La prohibición se ampliará a los menores de 18 en el caso de las bebidas que tienen más de 32 miligramos de cafeína por cada 100 mililitros, según ha adelantado el ministro antes de reunirse con representantes de la Fundación Gasol, organización que combate la obesidad infantil.
Bustinduy ha recalcado que dicha medida cuenta con un amplio apoyo social, en referencia al barómetro sobre publicidad de alimentos y bebidas energéticas que adelantó la semana pasada la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aesan) y según el cual nueve de cada diez personas en España está de acuerdo con esta prohibición que ya han abordado otros países como Portugal, Noruega, Reino Unido, Irlanda o Suecia.
Bustinduy ha reiterado que esta iniciativa legislativa está en línea con las medidas que están adoptando diferentes países europeos como Alemania, Noruega, Letonia, Polonia, Hungría o Lituania y también implantada en España por algunos gobiernos autonómicos como el de la Xunta de Galicia y el del Principado de Asturias.
En este dato se incluye un apoyo también muy alto de los jóvenes, ya que un 88,3% de los encuestados entre 18 y 35 años apoyan prohibir las bebidas energéticas. En todas las edades, el 91% de los encuestados cree que debería prohibirse la venta de bebidas energéticas a menores de 16 años y que más de la mitad (el 54%) cree que su prohibición debe extenderse a los menores de 18 años.
El estudio de la Aesan refleja también una percepción de riesgo clara sobre las bebidas energéticas, lo que sostiene la necesidad de regular su venta, teniendo en cuenta, además, que el 25% de los encuestados las consume una media de dos veces por semana. Por otra parte, casi la mitad (49%) de quienes toman bebidas energéticas lo hacen una al día y el 47% las mezclan regularmente con alcohol.
Los resultados del barómetro, presentado el pasado 16 de febrero por Bustinduy junto con la directora ejecutiva de la AESAN, Ana López-Santacruz, ponían de manifiesto la necesidad de proteger la salud infantil ante prácticas publicitarias que fomentan el consumo de alimentos y bebidas con un perfil nutricional no saludable.
Los resultados del informe sobre los riesgos asociados al consumo de bebidas energéticas que elaboró el Comité Científico de la Aesan en 2021 y que señalaba que un consumo excesivo de cafeína puede provocar efectos fisiológicos no deseados que van desde la alteración del sueño tanto en el tiempo necesario para conciliar como en su duración, hasta efectos psicológicos y alteración del comportamiento, así como trastornos cardiovasculares, efectos nocivos de especial trascendencia en la infancia y la adolescencia, etapas de la vida en las que el cerebro y el sistema nervioso están en pleno neurodesarrollo y por tanto son mucho más susceptibles a eventuales riesgos.
Esta regulación se sumará a la prohibición de la venta de bebidas energéticas en los centros escolares de todo el país que entró en vigor el año pasado con la aprobación del Real Decreto de Comedores Escolares Saludables y Sostenibles. En paralelo a esta medida Consumo pondrá en marcha una regulación de la publicidad de alimentos no saludables destinada a niñas, niños y adolescentes.
Efectos en la salud
"Las bebidas energéticas son productos que, además de una elevada cantidad de cafeína, suelen tener también otras sustancias estimulantes, como la taurina, que incrementan este efecto estimulante que se asocia con una idea de energía", explica Josep Maria Suelves, investigador del Behavioural Design Lab en el UOC eHealth Center, vocal de la junta directiva de la Sociedad de Salud Pública de Cataluña y de Baleares y vicepresidente del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo.
"Casi todas las bebidas energéticas, además de ser bebidas estimulantes, tienen cantidades de azúcar muy importantes, como otros refrescos. La publicidad de que han sido objeto en los últimos años ha hecho de los adolescentes una población en la que se concentra un consumo muy elevado, como reflejan los resultados de la última encuesta sobre uso de drogas en Enseñanzas Secundarias en España, ESTUDES", corrobora este experto en SMC España.
"Prohibir su venta a los menores podría ser una buena medida para reducir su consumo y evitar los riesgos que suponen en términos de mayor incidencia de obesidad y otros problemas derivados del efecto estimulante; pero son medidas que ponen su acento exclusivamente en los destinatarios finales del producto y no establecen limitaciones sobre la fabricación o la publicidad".
Suelves apunta que podrían ser útiles "a condición de que se dediquen esfuerzos a vigilar el cumplimiento de esta prohibición —cosa que no siempre se hace—", y deberían venir acompañadas otras limitaciones sobre la publicidad o sobre las características de los productos que los hicieran más seguros. "Si no, al final estamos poniendo el acento exclusivamente en el consumo responsable, en lugar de hacerlo sobre quien lo promueve; y eso, además de poco equitativo, es ineficiente".
Para Jesús Francisco García-Gavilán, investigador en el grupo de Alimentación, Nutrición, Desarrollo y Salud Mental, departamento de Bioquímica y Biotecnología de la Universitat Rovira i Virgili, la medida de Consumo está "respaldada científica y médicamente desde hace más de una década.
Una sola lata de estas bebidas puede contener una cantidad de cafeína equivalente a tres o cuatro cafés expreso, además de otros compuestos, apunta, como taurina y guaraná, apenas estudiados en población pediátrica, y de cantidades muy elevadas de azúcar. Múltiples estudios y evaluaciones de riesgo de la EFSA llevan años señalando que los adolescentes alcanzan más rápidamente niveles de cafeína asociados a toxicidad cardiovascular.
"Durante la adolescencia, el cerebro atraviesa una fase crítica de desarrollo en el que la ingesta de altas dosis de cafeína, no solo altera de forma significativa la calidad y duración del sueño y el sistema de recompensa dopaminérgico (algo que ya sucede en adultos), sino que además incrementa la vulnerabilidad de los jóvenes a presentar alteraciones en la consolidación de la memoria, problemas de ansiedad, síntomas depresivos e incluso un mayor riesgo de desarrollar conductas adictivas en el futuro, ahonda. "Otra consecuencia es el aumento de las consultas pediátricas por taquicardias, arritmias, síncopes y picos hipertensivos, eventos que antes eran excepcionales".
"Estas bebidas no tienen cabida en la dieta infantil y juvenil. Instituciones de referencia en salud pública, como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Asociación Española de Pediatría (AEP) han advertido que los riesgos neurológicos, cardiovasculares y metabólicos superan ampliamente cualquier supuesto beneficio. En este sentido, la regulación no es una medida paternalista, sino un mecanismo de protección frente a estrategias de marketing agresivas dirigidas a una población especialmente vulnerable".
Javier Sánchez Perona, investigador científico del Instituto de la Grasa-CSIC, añade que "desde el punto de vista de la composición química, las bebidas energéticas tienen un el elevado contenido en cafeína. Un envase de 330 ml equivale a casi un café expreso y medio. Esa dosis es alta para niños y adolescentes. Además, en muchas ocasiones contienen taurina, que potencia el efecto de la cafeína. Estos componentes, unidos a la habitual presencia de azúcar, no proporcionan en esta población ningún beneficio para la salud." Más bien al contrario, pueden ser causa de su deterioro, como se ha evidenciado científicamente".
Por otra parte, la denominación de 'bebida energética' puede dar lugar a confusión, tanto en los propios niños y adolescentes, como entre sus padres, ya que se puede pensar que estos productos proporcionan la energía necesaria para las actividades diarias. "El peligro subyacente es que se sustituyan comidas importantes del día, como es el desayuno, por este tipo de bebidas, provocando un riesgo de déficit de energía y nutrientes".
Por todo ello, y dado que el consumo de estas bebidas en este grupo poblacional es elevado, como demuestran los datos del Ministerio de Consumo, veo prudente prohibir su venta a menores de 16 años"".