Londres. El aspirante a primer ministro británico Boris Johnson acaparó este fin de semana las portadas de los diarios de Reino Unido, pero no precisamente por motivos políticos. Un vecino escuchó gritos, portazos y golpes procedentes de la casa que Johnson comparte con su pareja, Carrie Symonds, por lo que decidió llamar a la policía.

Según el periódico The Guardian, Symonds gritaba “déjame” y “sal de mi apartamento”.

Los agentes acudieron al domicilio, ubicado en el sur de Londres, y comprobaron que ambos se encontraban bien, por lo que no procedieron a ninguna acción.

De acuerdo con la versión del testigo recogida por los medios, Symonds recriminó a su novio haber manchado el sofá con vino tinto y le chilló que era “un malcriado” al que no le importa “nada”. Por su parte, el exalcalde de Londres le dijo a la joven, antigua relacionista pública de los tories, que no tocara su “jodida computadora”.

La pelea se produce en medio de la carrera hacia Downing Street, en la que Johnson es el favorito para suceder a Theresa May, y podría afectar su campaña.

Sin embargo, no es la primera vez que los asuntos de pareja del exministro de Exteriores aparecen en la prensa, debido, sobre todo, a su fama de infiel.

Tras varios escándalos amorosos, en el 2018 se separó de su segunda esposa, Marina Wheeler, al tiempo se conocía su relación con Symonds, 24 años menor que él.

Entre 1987 y 1993 estuvo casado con Allegra Mostyn-Owen, y a lo largo de su dilatada carrera los tabloides británicos le han atribuido numerosas amantes.

De hecho, su examante Petronella Wyatt, periodista, describió años tras a Johnson como una persona bipolar y sin apenas amigos.

Un político que no resulta indiferente

Conocido por su indisciplinada cabellera rubia y sus incendiarias declaraciones, Johnson, de 55 años, es uno de los políticos más populares del país, pero también uno de los más divisivos, que atrae críticas por su retórica populista, su escasa atención a los detalles y sus contradicciones.

Así, en el referéndum del 2016 surgió como uno de los principales defensores del Brexit —a cuya victoria contribuyó ampliamente—, pero sólo tras realizar un inusual ejercicio.

Columnista del diario conservador The Daily Telegraph, había preparado un artículo anunciando que apoyaba la permanencia en el bloque y otro afirmando lo contrario, lo que alimentó la impresión de que su decisión escondía un cálculo político que ahora podría dar por fin resultados.