Después de que la semana pasada Estados Unidos acusara al régimen de Assad, respaldado por Rusia en Siria, de un ataque con armas químicas, Moscú tuvo una respuesta inmediata: Noticias falsas.

A través de una declaración oficial, el Kremlin calificó las acusaciones como “mentiras absolutamente infundadas”.

Después de que la administración Trump acusara a China de robar tecnología estadounidense para compartirla con las empresas locales, Pekín respondió en el mismo sentido: “Noticias falsas”.

La semana pasada en Missouri, el gobernador republicano Eric Greitens, quien enfrentará el mes próximo un juicio por presunto comportamiento sexual inadecuado, dijo que fue víctima de “acusaciones falsas” producto de una “cacería de brujas”.

El USA Today informó la semana pasada que el Cuerpo de Marines de los Estados Unidos suspendió al general Kurt Stein por presunto acoso sexual. Stein calificó la revelación del periódico como “noticias falsas”.

El presidente Trump fue pionero en el uso del término “noticias falsas” para desacreditar cualquier informe que no le gusta.

Ahora, los adversarios extranjeros están utilizando la misma acusación contra los Estados Unidos.

A pesar de que la Justicia estadounidense presenta pruebas sobre delitos consumados, es decir, señalando a culpables a través de pruebas fehacientes, decir que se trata de “noticias falsas” legitima la defensa del acusado.

Si el objetivo de Trump ha sido degradar a la naturaleza de la verdad, entonces en realidad él puede decir: “Misión cumplida”.

Al calificar a los eventos reales como falsos, Trump ha logrado dilapidar la credibilidad de Estados Unidos.

Ahora, cuando Estados Unidos señala a otra nación como culpable de haber cometido un ataque con armas químicas, la respuesta nos recuerda la escena de la famosa historia de “Ahí viene el lobo”. Es decir, no tiene efecto.

Al realizar una búsqueda en el sitio web Factbase, que se encarga de agregar todas las palabras que pronuncia el presidente, muestra que Trump ha utilizado la etiqueta de “noticias falsas” en más de 350 ocasiones desde diciembre del 2016. Este mes por ejemplo, lo ha hecho para restar credibilidad a temas como Siria, el fiscal especial Robert Mueller, China, Corea del Norte, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y el fiscal general Jeff Sessions.

Al parecer, el método Trump es utilizado por muchos imitadores desagradables.

El supremacista blanco David Duke agradeció a Trump por haber retuiteado un video británico antimusulmán, ya que el presidente nos “mostró lo que los medios noticiosos falsos no mostrarán nunca”.

El representante republicano por el estado de Texas Blake Farenthold, quien renunció por usar fondos de contribuyentes para resolver un juicio de acoso sexual, desestimó el cargo en contra suyo como “falso”.

Roy Moore, en su intento de ganar un escaño del Senado por Alabama, tuvo que batallar durante toda la campaña en contra de acusaciones sobre supuestas relaciones con adolescentes, y lo hizo, claro, con el arma de las “noticias falsas”.

Los problemas crecen con el exterior

El mes pasado, Benjamin Netanyahu, primer ministro israelí plagado de escándalos, calificó a las principales agencias de noticias israelíes como “noticias falsas” y dijo que “te mienten día y noche”.

El Ministerio de Información de la India este mes intentó tomar medidas enérgicas contra los periodistas por divulgar “noticias falsas”.

En diciembre, un funcionario del Ministerio de Seguridad del Estado en Birmania dijo que la campaña genocida contra los musulmanes rohingya es “noticia falsa” porque “no existen los rohingya”, informó The New York Times.

El sirio Bashar al Assad desestimó un informe sobre muertes en cárceles militares al decir que “vivimos en la era de noticias falsas”.

El venezolano Nicolás Maduro asegura que los informes en los medios de comunicación del mundo sobre su régimen represivo son “lo que hoy llamamos ‘noticias falsas’”.

El presidente filipino Rodrigo Duterte, conocido por sus asesinatos extrajudiciales, justificó una ofensiva mediática al acusar a los medios como precursores de “noticias falsas”.

Libia recurrió al método Trump para descalificar a CNN por revelar un reportaje sobre la existencia de esclavitud en el país.

El primer ministro de Camboya, Hun Sen, quien se caracteriza por enviar a periodistas a la cárcel, aplaude los comentarios de Trump sobre las “noticias falsas” que emite la cadena CNN.

Uganda justificó la detención de algunos editores de periódicos al afirmar que publicaron “noticias falsas” sobre el gobierno.

El ministro español de Asuntos Exteriores, Alfonso Dastis, dijo que los informes sobre la violencia policial aplicada el 1 de octubre pasado para detener el referéndum sobre la independencia de Cataluña se trató de “noticias falsas”.

El hombre fuerte de Turquía, el presidente Recep Tayyip Erdogan, acusó a Estados Unidos en febrero de “difundir noticias falsas”.

China ha aplicado la etiqueta de “noticias falsas” a los informes de que torturó a un abogado de derechos humanos.

¿En verdad pensamos que debemos creerle al presidente Trump?