Toronto. La campaña electoral en Canadá no tenía 48 horas de haber iniciado y los candidatos ya estaban tratando de difamarse entre sí. La peor agresión resultaba ser comparar a los otros con una persona que no aparecerá en la boleta electoral el próximo mes: Donald Trump.

La líder del Partido Verde, Elizabeth May, le dijo a Andrew Scheer, número uno en la lista del Partido Conservador, que después de haber revisado sus propuestas de política exterior llegó a una conclusión: “Si alguien quiere saber cuál es su postura, sólo averigüe qué quiere Trump”.

Por su parte, el líder del Partido Demócrata, Jagmeet Singh, no pasó la oportunidad para lanzar un dardo a Scheer: “Parece estar dispuesto a hacer lo que sea necesario para apoyar y continuar las políticas de Trump”.

Las encuestas muestran que el presidente Trump es profundamente impopular en Canadá, un supuesto aliado de EU. Sin embargo, no se ha salvado de haber recibido un mal trato a través de aranceles.

A pesar de ello, al ser un socio en materias de seguridad y comercio, Trump sigue siendo una figura importante en Canadá.

Por ejemplo, el primer ministro Justin Trudeau le ha pedido a Estados Unidos su apoyo para que China excarcele a dos ciudadanos canadienses.

Trump es visto como un blanco fácil, pero dedicarle demasiado tiempo podría ser contraproducente. Los canadienses podría catalogar ese tipo de comparaciones como politiquería barata a expensas de una campaña sustantiva y rica en análisis y promesas sobre los principales problemas del país.

“Estar demasiado alineado con los valores y creencias del actual titular de la Casa Blanca sería peligroso para cualquier canadiense”, debido al posicionamiento ultraderechista que tiene Trump entre canadienses, dijo Laura Dawson, directora del Instituto de Canadá, en el Wilson Center.