Washington. La forma en que el presidente Donald Trump aborda la crisis en Hong Kong, representada por los enfrentamientos entre la policía y los manifestantes, sigue un patrón de comportamiento: Trump es una especie de espectador en jefe, un observador de los acontecimientos mundiales que, con seguridad, los anteriores presidentes estadounidenses lo hubieran hecho a través de una dura denuncia por el riesgo que implica para la democracia y los derechos humanos este tipo de crisis.

No es raro ver a Trump manipular o minimizar el interés de su gobierno en eventos cuya conexión con Estados Unidos no parece tan clara, al menos en lo inmediato.

“Muchos me culpan a mí y a Estados Unidos por los problemas que ocurren en Hong Kong. No puedo imaginar la razón”, tuiteó Trump el martes, mientras las fuerzas policiacas del gobierno se movían en el aeropuerto donde miles de manifestantes se encontraban protestando.

Trump pidió calma, pero no lanzó una advertencia pública a China sobre las consecuencias que provocaría una represión violenta en contra de manifestantes, cuando otras figuras políticas y el Departamento de Estado sí lo hicieron.

“Lo de Hong Kong es una situación muy difícil, muy ruda. Veremos qué sucede”, dijo Trump cuando un periodista le preguntó el martes si instó a China a mostrar moderación.

Puente de los negocios

Las protestas en favor de la democracia, que se intensificaron durante el verano, han generado preocupación sobre qué tan lejos irá el Partido Comunista de China para calmar los disturbios.

Hong Kong sigue siendo un puente esencial entre China y el mundo exterior, ya que proporciona un lugar donde las empresas chinas pueden recaudar fácilmente dinero de los inversores globales y donde miles de empresas extranjeras se sienten seguras haciendo sus operaciones.

“Hong Kong es una zona muy atractiva tanto para China como para el resto del mundo”, dijo Richard Marston, profesor emérito de Finanzas en la Wharton School de la Universidad de Pensilvania. “No le interesa a China ni al resto del mundo que cambie el estado de Hong Kong”.

Semanas de inestabilidad han debilitado a Hong Kong. Las ventas minoristas cayeron 6.7% en junio respecto al mismo mes del año pasado, debido al cierre de tiendas y el temor de los consumidores.

La crisis no termina y Trump sigue observando.