Buenos Aires. Ocho días tuvieron que pasar desde que el ARA San Juan se hundiera en el mar de la incertidumbre para que la Armada argentina empezara a ofrecer amargas informaciones que se acercan a la verdad de lo ocurrido.

De acuerdo con la institución naval, el 15 de noviembre, el día que el submarino perdió contacto con su base de operaciones en el Mar del Plata: “hubo un evento anómalo, singular, corto, violento y no nuclear, compatible con una explosión”, en la zona por donde navegaba el sumergible.

Aunque las autoridades dijeron que no especularían sobre las causas y consecuencias de la explosión y que continuarán la búsqueda, algunos familiares reaccionaron con rabia y sostuvieron que les ocultaron información.

“Son perversos y nos manipularon. Ellos sabían (que el submarino había explotado)”, dijo, a periodistas en la base Naval de Mar del Plata, Itatí Leguizamón, esposa del radarista del submarino German Suárez.

“Mandaron una mierda a navegar. Esto viene de hace 15 años. Inauguraron un submarino pintado en el 2014 con una bandera y adentro estaba sin equipamiento. La culpa la tienen los 15 años de abandono que tiene la Armada”, expresó con enojo, Leguizamón.

La información sobre el evento anómalo fue suministrada a la Armada por Estados Unidos y la Organización para la Prohibición Total de Pruebas Nucleares. Este organismo con sede en Austria indicó en un comunicado que la explosión fue detectada por uno de los 11 sensores que tiene en los océanos del mundo para rastrear incidentes nucleares.

La suerte corrida por el ARA San Juan puede estar relacionada con la obsolescencia del equipamiento de la Armada, y se señala además la existencia de otras negligencias que pronto serán investigadas por la justicia.

El submarino diesel eléctrico clase TR-1700 de fabricación alemana fue botado en 1985 y reparado por última vez en el 2014. El reacondicionamiento costó 12 millones de dólares y requirió más de 500,000 horas de trabajo.