Beirut. Funcionarios de seguridad libaneses advirtieron al primer ministro y al presidente el mes pasado que 2,750 toneladas de nitrato de amonio almacendas en el puerto de Beirut representaban un riesgo de seguridad y podrían destruir la capital si explotaba, según documentos vistos por la agencia Reuters y fuentes de seguridad de alto nivel.

La noticia fue una bomba para el gobierno del primer ministro Hassan Diab quien horas antes anunció la renuncia de todo sus ministros.

El jefe del gobierno, que se presenta como independiente, culpó a la clase política tradicional de su fracaso, y arremetió contra la “corrupción” que llevó a este “terremoto que golpeó al país”.

“Hoy seguimos la voluntad del pueblo en su demanda de responsabilizar a los responsables del desastre que ha estado escondido durante siete años y su deseo de un cambio real”, dijo el primer ministro Hassan Diab en un discurso televisivo en el que anunció la renuncia.

Si bien la medida de Diab intentó responder a la ira popular, también sumió a la política libanesa más profundamente en la confusión y puede obstaculizar aún más las conversaciones ya estancadas con el FMI sobre un plan de rescate financiero.

Por la noche, la noticia sobre el coocimiento que  tenía el Gobierno respecto al riesgo que corría Líbano al tener almacenado nitrato de amonio, teminó de hundir a Diab.

Tercer día de protestas

Antes del anuncio, estallaron manifestaciones por tercer día en el centro de Beirut, con algunos manifestantes arrojando piedras a las fuerzas de seguridad que custodiaban una entrada que conduce al edificio del parlamento.

Para muchos libaneses comunes, la explosión fue la gota que colmó el vaso de una crisis prolongada generada por el colapso de la economía, la corrupción y un gobierno disfuncional, por lo que salieron a las calles exigiendo un cambio radical.