Ayer, las fuerzas armadas sirias dispararon morteros y cohetes a la ciudad rebelde de Homs, en el último de varios asaltos efectuados durante esta semana, los cuales han provocado la muerte de cientos de personas, mientras que el régimen del presidente Bashar al-Assad trata de aplastar a las cada vez más militarizadas células de la disidencia.

A medida que la violencia se incrementa, la comunidad internacional busca nuevos acercamientos diplomáticos para detener el prolongado derramamiento de sangre en Siria.

Un alto funcionario de la Liga Árabe expuso ayer que su organización discutirá en una reunión la próxima semana si reconocerá al Consejo Nacional de la Oposición siria como representante legítimo de Siria y si debería permitir la apertura de sus oficinas en las capitales árabes.

El funcionario habló en condición de anonimato debido a que no se ha tomado una decisión sobre el tema. Los cancilleres de los 22 países miembros de la Liga Árabe se reunirán en El Cairo el domingo.

En la última operación, que comenzó el sábado, las fuerzas del gobierno desataron una ofensiva sin cuartel contra Homs al bombardear zonas residenciales en su intento de acabar con cualquier resistencia y retomar el control de la ciudad.

Se presume que cientos de personas han muerto en lo que ha sido el mayor bombardeo que la ciudad ha visto desde que se inició el levantamiento en el país en marzo, afirmaron los activistas.