No podemos escapar de nuestro destino, ni debemos tratar de hacerlo , dijo Ronald Reagan en una de las primeras reuniones del CPAC en enero de 1974. El liderazgo del mundo libre fue lanzado sobre nosotros hace dos siglos en ese pequeño salón de Filadelfia . Citando al Papa Pío XII después de la Segunda Guerra Mundial, Reagan dijo: En las manos de EU, Dios ha puesto los destinos de una humanidad afligida .

Eso contrasta con lo que el presidente Donald Trump dijo el viernes pasado, cuando se dirigió a la Conferencia de Acción Política Conservadora. El discurso de Trump, junto con la aparición que hizo un día antes el jefe estratega de la Casa Blanca, Stephen K. Bannon­, proporcionó la articulación definitiva de la filosofía América Primero que llevó a Trump a la victoria en noviembre pasado y que está redefiniendo el conservadurismo y, con él, al Partido Republicano.

Tenemos que definir lo que es este gran movimiento sin precedentes y lo que realmente representa , dijo Trump. La convicción fundamental de nuestro movimiento es que somos una nación que puso y pondrá a sus propios ciudadanos en primer lugar. Por mucho tiempo, hemos cambiado nuestros trabajos a otros países. Tan terrible. Hemos defendido las fronteras de otras naciones mientras hemos dejado la nuestra abierta .

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El discurso de Reagan en 1974, junto con sus frecuentes apariciones posteriores en el CPAC, fue una evocación de su visión de Estados Unidos como una ciudad brillante en una colina y la última mejor esperanza del hombre en la Tierra . Su visión exigía unos EU que miraban al exterior, una nación cuyo poder y posición única llevaría consigo las obligaciones con el resto del mundo. Esos temas animaron su conservadurismo a lo largo de su carrera política.

Trump, el nacionalista económico, puso las cosas de otra manera. Unas de las líneas más sorprendentes en su discurso fueron estas: No existe tal cosa como un himno global, una moneda global o una bandera global , dijo. Estos son los Estados Unidos de América que estoy representando, no estoy representando al mundo, estoy representando al país de ustedes .

Reagan podría haber estado de acuerdo con las palabras literales pronunciadas por el presidente número 45. Él era un presidente estadounidense que rastreó su filosofía a los Padres Fundadores y patriotas. No era un creyente en el gobierno global ni entregaba poderes a organismos internacionales como las Naciones Unidas. Sin embargo, el contraste entre las visiones de Trump y Reagan no pueden ser exageradas.

Reagan defendió el excepcionalismo estadounidense y una nación que busca defender la libertad en todo el mundo. Trump mira hacia dentro y parece estar envidiando las responsabilidades de liderar el mundo que los presidentes anteriores, republicanos o demócratas, han adoptado.

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Se suele afirmar que Trump y el Trumpismo han enterrado a Reagan y el Reaganismo, que el conservadurismo de las últimas décadas está siendo rápidamente remplazado por una mezcla de políticas que se extienden a través del espectro ideológico, algunas de las cuales son directamente contrarias a lo que los conservadores han adoptado durante mucho tiempo.

Esa afirmación de la toma de poder es sobre todo verdadera. La velocidad con la que se está produciendo la transformación del Partido Republicano es impresionante, al menos en la superficie. Muchos intelectuales conservadores siguen resistiéndose, pero los republicanos de base hasta ahora son entusiastas, y los partidarios incondicionales de Trump están en éxtasis.

El año pasado, Trump no apareció en el CPAC, un candidato que amenazó al antiguo orden conservador. Este año llegó como un héroe conquistador.

Trump sigue siendo un proyecto en desarrollo. Su discurso en el CPAC sonó como los discursos de la campaña que dio el otoño pasado, repleto con las promesas que aún deben cumplirse. Sus partidarios le dan crédito por mantener esas promesas, ya que las primeras semanas de su administración han sido una proyección de su intención de hacer precisamente eso. Los detalles de sus promesas siguen estando incompletos.

Parte de su plan es el conservadurismo convencional como se ha definido desde hace tiempo, incluso antes de Reagan. En el plano interno es por menores impuestos y menos regulación para estimular la actividad empresarial y el crecimiento económico. Bannon utilizó una frase que tal vez sonó ominosa para describir la lucha por promulgar esta agenda. Lo llamó la deconstrucción del estado administrativo .

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En un lenguaje menos ostentoso, representa un esfuerzo para recortar el gobierno federal. Los republicanos desde hace tiempo han defendido exactamente eso. Reagan lo intentó y fue parcialmente exitoso en domesticar el gigante federal, pero no el déficit. La defensa de Trump por estas políticas es una de las razones por las que muchos conservadores tradicionales, y sobre todo los elegidos republicanos, están haciendo la paz con un presidente a cuya candidatura se opusieron y cuyo lenguaje y estilo los repelieron durante las elecciones del 2016.

Trump y Reagan compartieron algo más. Cada uno buscaba redefinir el Partido Republicano como uno abierto y acogedor para los estadounidenses de la clase trabajadora, muchos de ellos votantes demócratas de muchos años.

Reagan luchó contra el establishment republicano en su camino a la Presidencia, y trató de crear una nueva coalición de votantes para el partido.

El Nuevo Partido Republicano que yo preveo no será ni estará limitado al club de campo, la imagen del gran negocio que, por razones justas e injustas, se le carga hoy , dijo Reagan al CPAC en 1977.

El Nuevo Partido Republicano del que estoy hablando va a tener espacio para el hombre y la mujer en las fábricas, para el agricultor, hasta el policía en turno (...)

Al igual que Reagan, que trajo a su lado a muchos votantes blancos étnicos de clase trabajadora durante la década de 1980, Trump debe su victoria en parte a su éxito en atraer más apoyo que los candidatos anteriores del Partido Republicano de ese mismo electorado. El viernes, Trump dijo: El Partido Republicano será, a partir de ahora, el partido del trabajador americano (...) No responderemos a los donantes, a los grupos de presión o a los intereses especiales . (Eso, a pesar de que su Gabinete está poblado por multimillonarios y veteranos de Wall Street).

Trump y Bannon ven un mundo de alianzas enmarañadas y acuerdos comerciales multinacionales que creen que han tratado mal a los Estados Unidos y al trabajador estadounidense.

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Se lanzan como parte de un movimiento populista derechista que desafía a los gobiernos de toda Europa en políticas de inmigración, refugiados y otras. Para Trump, el Estado islámico y el Islam radical representan actualmente la mayor amenaza para la seguridad y la estabilidad.

Trump y Bannon argumentarían que el mundo es muy diferente de lo que era cuando Reagan llegó al poder. La Unión Soviética, contra la que Reagan luchó ya no existe. Trump ve a Rusia como un aliado potencial contra ISIS, pero la interferencia de Rusia en las elecciones arroja una sombra sobre la Presidencia de Trump y su mansedumbre hacia un agresivo presidente ruso, Vladimir Putin, es un anatema para los reaganitas.

Trump abrió su discurso del viernes pasado con otra sentencia a los medios de comunicación tachándolos de deshonestos, repitiendo su afirmación de que las organizaciones de noticias son el enemigo del pueblo estadounidense.

Cuando Reagan apareció ante CPAC en 1981, poco después de su toma de posesión, dijo lo siguiente:

Durante nuestros esfuerzos políticos, fuimos objeto de mucha indiferencia y muchas veces de intolerancia, y por eso espero que nuestra victoria política sea recordada como generosa y nuestro tiempo en el poder será recordado por la tolerancia que mostramos por aquellos con quienes estamos en desacuerdo (...) Debemos mantener esta apasionante perspectiva de una sociedad ordenada, compasiva y pluralista, un archipiélago de comunidades prósperas e instituciones divergentes .

Eso también es un contraste entre el presidente 40 y el 45.

Dan Balz es corresponsal en jefe de The Washington Post.

mfh